miércoles, 10 de junio de 2015

EL ESTRÉS DEL JOVEN TESORERO


Una jornada laboral de 9:00 a 18:00 horas le era insuficiente. Sus plegarias al Dios Cronos de aumentar el día a treinta y seis horas no le eran escuchadas. Desde que llegaba temprano a la oficina tenía que revisar los saldos de las diez cuentas bancarias de la empresa, así como los depósitos referenciados de las cuarenta sucursales, que debía monitorear prácticamente en tiempo real. Además, le obligaba entablar comunicación con los ejecutivos bancarios y de casas de bolsa para obtener los mayores rendimientos sobre las inversiones por más de mil millones de pesos que tenía bajo su custodia.

El joven Jorge Moremoney, quien es el tesorero de una empresa financiera del estado de Jalisco, vivía en constante estrés. A parte de su trabajo habitual, tenía que lidiar con los requerimientos absurdos de su jefe, el Director General de la empresa, el Sr. Jaime Malacara, un norteño hedonista que desconfiaba hasta de su propia sombra. Todos los días el Sr. Malacara exigía que en su escritorio se hallara un reporte del saldo total de las cuentas de cheques, así como de las inversiones de tesorería.

El Sr. Malacara, generalmente, a los tres minutos de haber llegado a su despacho le exigía a su secretaria, la Srita. Alicia Buenrostro, que le llamara inmediatamente al joven Moremoney en virtud de que su reporte tenía inconsistencias.

  • Buenos días Sr. Malacara, ¿en qué puedo servirle? Comentaba el apacible tesorero.
  • Usted no me sirve para nada, replicó el Director General. Lleva aquí más de diez años y nunca cuadra este reporte sobre el estado de las cuentas bancarias y de las inversiones con el monitor que me indica la banca electrónica. Ni un solo día en diez años me ha cuadrado. Ya me tiene usted harto. ¿Qué me va a explicar ahora? ¿Cuál es el pretexto?
  • Ningún pretexto Sr. Malacara. Es que tenemos partidas en conciliación. Hemos entregado cheques a nuestros proveedores, acreedores y ahorradores que aún no han depositado, por tal motivo, no se refleja en el saldo real de la banca electrónica. Mi reporte considera descontado esos cheques.
  • Siempre me comenta usted lo mismo. Yo quiero ver que las cifras de su reporte correspondan con lo que dice el monitor en la banca electrónica, ¿es muy difícil hacer esto? ¿Es usted capaz o traigo a otra persona? Mire que su puesto lo solicitan muchas personas. Le exijo que haga bien su trabajo.

 

La Srita. Buenrostro, la chica más bella y asediada de la empresa, siempre le daba ánimos al joven tesorero, le comentaba que su labor era asequible, con un poco más de paciencia y manejo de estrés, poco a poco podría lograr lo que su jefe solicitaba. Ella, en su afán de apoyar al joven Moremoney le sugirió lo siguiente:

  • Deberías de hacer ejercicio Jorge, debes de canalizar todo el estrés y toda la adrenalina que llevas dentro, si no, pronto te dará un infarto.
  • Agradezco tus palabras Alicia. Precisamente un amigo me sugirió, hace tiempo, lo mismo. Así que los sábados y domingos suelo jugar tenis. No sabes cómo me ha ayudado para mantenerme vigoroso los cinco días laborables. Con ansiedad espero los sábados, para agarrar mi raqueta y pegarle duro a la pelota, y así poder desfogar todo mi estrés, en cada drive, en cada revés, en cada volea. Pero sobre todo, el saque, me libera muchísimas endorfinas, me siento pleno.

 

No había día que el Sr. Malacara, uno o dos minutos antes de las 15:00 horas, horario en el cual se cierran las inversiones, solicitaba hablar con el joven Moremoney.

  • Necesito urgentemente una transferencia, para un préstamo a una filial de la empresa, por un millón trescientos mil pesos.
  • Por supuesto, en un minuto lo tendrá.


 

Y así, pasaban los días, y habitualmente, antes del cierre de las inversiones, sonaba el teléfono de tesorería, era el Sr. Malacara, solicitando una transferencia de seis dígitos.

Como ya era costumbre que antes del cierre de las inversiones se presentara un requerimiento de fondos de emergencia, el joven Moremoney tomó la decisión de reservar aproximadamente dos millones de pesos, mismos que en ocasiones dejaba sin invertir.

Cuando el Sr. Malacara se enteró de los montos que no se invertían, mandó llamar al joven tesorero, comentándole que el costo de oportunidad por dejar de invertir esos recursos se los iban a descontar de su sueldo. Había que obtener el mayor beneficio posible y no dejar ni un peso sin invertir en instrumentos del mercado de dinero.

A pesar de tanto regaño, de tan asiduos insultos, a pesar de las muestras de rechazo que le profesaba el Sr. Malacara, el joven tesorero se mantenía incólume, tratando de establecer los mayores controles internos, para contar con las evidencias de que su actuar era ético y honorable.

En todas las revisiones de auditoría interna, así como en todas las conciliaciones bancarias, nunca había diferencias. No había pruebas de desfalcos o de malas prácticas que pusieran en riesgo los recursos de la tesorería de la empresa. Sin embargo, el Sr. Malacara dudaba de la honorabilidad del tesorero, hasta cámaras ocultas mando instalar en su oficina, para vigilarlo constantemente.

 

 

 

El joven Moremoney, como cada fin de semana, practicaba el tenis para distracción y liberar el estrés. Cada día mejoraban sus saques, sus drives, sus reveses, sus voleas, sin duda las iba perfeccionando. Ya era ampliamente conocido en el Tenis Country Club del estado de Jalisco.

Así que al sentirse tan seguro de su condición física y de su habilidad en el manejo de la raqueta, decidió inscribirse al torneo estatal de tenis, mismo que se llevaría a cabo en las instalaciones del club que solía frecuentar.

Para sorpresa del joven Moremoney, llegó a la final del torneo, mismo que se disputaría el siguiente fin de semana, con un premio garantizado de cien mil pesos, más la oportunidad de representar al estado de Jalisco en el abierto nacional.

Transcurrió la semana, ya siendo viernes por la tarde, con el estrés debido, el cansancio habitual, no deseaba otra cosa, no tenía en mente otro pensamiento más que jugar la final del torneo el día siguiente. El joven tesorero, cuando abandonó su oficina, se despidió de la Srita. Buenrostro para invitarla a verlo jugar en la final del torneo. Ambos se coqueteaban, aunque a decir verdad, el joven Moremoney no era del gusto de la Srita. Alicia, pero se caían bien, compartían la misma afinidad de odiar a su jefe.

Una vez ya en el club, cual va siendo la sorpresa del joven Moremoney, que su rival en la final era nada más y nada menos que su jefe, el Director General de la empresa financiera donde labora, el Sr. Jaime Malacara. Cuando ambos se vieron en el vestidor, quedaron estupefactos.

  • ¿Qué haces aquí? Replicó el Sr. Malacara.
  • Soy jugador de tenis, todos los fines de semana practico, he mejorado mucho, así que me inscribí al torneo y llegué a la final.
  • Con razón descuidas tu trabajo, por andar en torneos perdiendo el tiempo.
  • Lo hago solamente los fines de semana.
  • Los sábados y domingos los deberías de ocupar en leer, en estudiar, que tanta falta te hace.


 

En fin, comenzó el torneo, se proclamaría campeón quien ganara dos sets.

Esta oportunidad de venganza jamás había pasado por la mente del joven Moremoney. Él no era así, pero se había presentado la ocasión de darle una reprimenda a su jefe, en un ámbito fuera de las finanzas, pero al fin y al cabo una lección.

El joven Moremoney tenía la destreza que se alcanza con la práctica diaria. En cada saque, en cada derecha, en cada revés, se imaginaba que le daba un golpe en el rostro a su jefe. Y ahora lo tenía de rival, lo tenía enfrente.

Como estrategia, decidió alargar el juego. El primer set lo ganó 7-6 y en muerte súbita 14-12. El segundo set, se dejó perder 6-7 y en muerte súbita 16-18.

Último set, un joven de 30 años, contra un Sr. maduro de 55 años. ¿Quién ganará? ¿Quién tendrá el privilegio de representar al estado de Jalisco en el abierto nacional? Mucho más agotado el Sr. Malacara, pero pensando que podía humillar también en el deporte al joven Moremoney, comenzó su saque. El joven Moremoney le contestaba y mandaba la pelota de un lado a otro de la cancha, lo hacía a propósito, para cansarlo, para agotarlo.

Marcador en el tercer set, 5-4, sacando el Sr. Malacara 30-40, oportunidad de quebrar y punto para campeonato del Sr. Moremoney. El público presente se levanta de sus asientos, no da crédito a los que sus ojos observan. El Sr. Malacara se desploma en la cancha. Entran los paramédicos, solicitan llevarlo urgentemente al hospital más cercano. Estaba a punto del infarto, posiblemente debido al esfuerzo físico que le propinó el joven tesorero. 

En la ceremonia de premiación, a punto de recibir la medalla y el trofeo de vencedor del torneo estatal, suena el celular del joven Moremoney. Le llamaba el Sr. Malacara.

  • Jorge te exijo que hagas inmediatamente una transferencia al hospital “Jesús te Cuida”, no me reciben sin un depósito, mi tarjeta de crédito está bloqueada. ¡Es una emergencia! ¡Hazlo ya!
  • Lo siento Sr., hoy es sábado, el banco está cerrado.


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