Una jornada laboral de 9:00 a 18:00 horas le era
insuficiente. Sus plegarias al Dios Cronos de aumentar el día a treinta y seis
horas no le eran escuchadas. Desde que llegaba temprano a la oficina tenía que
revisar los saldos de las diez cuentas bancarias de la empresa, así como los
depósitos referenciados de las cuarenta sucursales, que debía monitorear
prácticamente en tiempo real. Además, le obligaba entablar comunicación con los
ejecutivos bancarios y de casas de bolsa para obtener los mayores rendimientos
sobre las inversiones por más de mil millones de pesos que tenía bajo su
custodia.
El joven Jorge Moremoney, quien es el tesorero de
una empresa financiera del estado de Jalisco, vivía en constante estrés. A
parte de su trabajo habitual, tenía que lidiar con los requerimientos absurdos
de su jefe, el Director General de la empresa, el Sr. Jaime Malacara, un
norteño hedonista que desconfiaba hasta de su propia sombra. Todos los días el Sr.
Malacara exigía que en su escritorio se hallara un reporte del saldo total de
las cuentas de cheques, así como de las inversiones de tesorería.
El Sr. Malacara, generalmente, a los tres minutos
de haber llegado a su despacho le exigía a su secretaria, la Srita. Alicia
Buenrostro, que le llamara inmediatamente al joven Moremoney en virtud de que
su reporte tenía inconsistencias.
- Buenos días Sr. Malacara, ¿en qué puedo servirle? Comentaba el apacible tesorero.
- Usted no me sirve para nada, replicó el Director General. Lleva aquí más de diez años y nunca cuadra este reporte sobre el estado de las cuentas bancarias y de las inversiones con el monitor que me indica la banca electrónica. Ni un solo día en diez años me ha cuadrado. Ya me tiene usted harto. ¿Qué me va a explicar ahora? ¿Cuál es el pretexto?
- Ningún pretexto Sr. Malacara. Es que tenemos partidas en conciliación. Hemos entregado cheques a nuestros proveedores, acreedores y ahorradores que aún no han depositado, por tal motivo, no se refleja en el saldo real de la banca electrónica. Mi reporte considera descontado esos cheques.
- Siempre me comenta usted lo mismo. Yo quiero ver que las cifras de su reporte correspondan con lo que dice el monitor en la banca electrónica, ¿es muy difícil hacer esto? ¿Es usted capaz o traigo a otra persona? Mire que su puesto lo solicitan muchas personas. Le exijo que haga bien su trabajo.
La Srita. Buenrostro, la chica más bella y asediada
de la empresa, siempre le daba ánimos al joven tesorero, le comentaba que su
labor era asequible, con un poco más de paciencia y manejo de estrés, poco a
poco podría lograr lo que su jefe solicitaba. Ella, en su afán de apoyar al
joven Moremoney le sugirió lo siguiente:
- Deberías de hacer ejercicio Jorge, debes de canalizar todo el estrés y toda la adrenalina que llevas dentro, si no, pronto te dará un infarto.
- Agradezco tus palabras Alicia. Precisamente un amigo me sugirió, hace tiempo, lo mismo. Así que los sábados y domingos suelo jugar tenis. No sabes cómo me ha ayudado para mantenerme vigoroso los cinco días laborables. Con ansiedad espero los sábados, para agarrar mi raqueta y pegarle duro a la pelota, y así poder desfogar todo mi estrés, en cada drive, en cada revés, en cada volea. Pero sobre todo, el saque, me libera muchísimas endorfinas, me siento pleno.
No había día que el Sr. Malacara, uno o dos minutos
antes de las 15:00 horas, horario en el cual se cierran las inversiones,
solicitaba hablar con el joven Moremoney.
- Necesito urgentemente una transferencia, para un préstamo a una filial de la empresa, por un millón trescientos mil pesos.
- Por supuesto, en un minuto lo tendrá.
Y así, pasaban los días, y habitualmente, antes del
cierre de las inversiones, sonaba el teléfono de tesorería, era el Sr.
Malacara, solicitando una transferencia de seis dígitos.
Como ya era costumbre que antes del cierre de las
inversiones se presentara un requerimiento de fondos de emergencia, el joven
Moremoney tomó la decisión de reservar aproximadamente dos millones de pesos,
mismos que en ocasiones dejaba sin invertir.
Cuando el Sr. Malacara se enteró de los montos que
no se invertían, mandó llamar al joven tesorero, comentándole que el costo de
oportunidad por dejar de invertir esos recursos se los iban a descontar de su sueldo.
Había que obtener el mayor beneficio posible y no dejar ni un peso sin invertir
en instrumentos del mercado de dinero.
A pesar de tanto regaño, de tan asiduos insultos, a
pesar de las muestras de rechazo que le profesaba el Sr. Malacara, el joven
tesorero se mantenía incólume, tratando de establecer los mayores controles
internos, para contar con las evidencias de que su actuar era ético y
honorable.
En todas las revisiones de auditoría interna, así
como en todas las conciliaciones bancarias, nunca había diferencias. No había pruebas
de desfalcos o de malas prácticas que pusieran en riesgo los recursos de la
tesorería de la empresa. Sin embargo, el Sr. Malacara dudaba de la
honorabilidad del tesorero, hasta cámaras ocultas mando instalar en su oficina,
para vigilarlo constantemente.
El joven Moremoney, como cada fin de semana,
practicaba el tenis para distracción y liberar el estrés. Cada día mejoraban sus
saques, sus drives, sus reveses, sus voleas, sin duda las iba perfeccionando.
Ya era ampliamente conocido en el Tenis Country Club del estado de Jalisco.
Así que al sentirse tan seguro de su condición
física y de su habilidad en el manejo de la raqueta, decidió inscribirse al
torneo estatal de tenis, mismo que se llevaría a cabo en las instalaciones del
club que solía frecuentar.
Para sorpresa del joven Moremoney, llegó a la final
del torneo, mismo que se disputaría el siguiente fin de semana, con un premio
garantizado de cien mil pesos, más la oportunidad de representar al estado de
Jalisco en el abierto nacional.
Transcurrió la semana, ya siendo viernes por la
tarde, con el estrés debido, el cansancio habitual, no deseaba otra cosa, no
tenía en mente otro pensamiento más que jugar la final del torneo el día
siguiente. El joven tesorero, cuando abandonó su oficina, se despidió de la Srita.
Buenrostro para invitarla a verlo jugar en la final del torneo. Ambos se
coqueteaban, aunque a decir verdad, el joven Moremoney no era del gusto de la Srita.
Alicia, pero se caían bien, compartían la misma afinidad de odiar a su jefe.
Una vez ya en el club, cual va siendo la sorpresa
del joven Moremoney, que su rival en la final era nada más y nada menos que su
jefe, el Director General de la empresa financiera donde labora, el Sr. Jaime
Malacara. Cuando ambos se vieron en el vestidor, quedaron estupefactos.
- ¿Qué haces aquí? Replicó el Sr. Malacara.
- Soy jugador de tenis, todos los fines de semana practico, he mejorado mucho, así que me inscribí al torneo y llegué a la final.
- Con razón descuidas tu trabajo, por andar en torneos perdiendo el tiempo.
- Lo hago solamente los fines de semana.
- Los sábados y domingos los deberías de ocupar en leer, en estudiar, que tanta falta te hace.
En fin, comenzó el torneo, se proclamaría campeón
quien ganara dos sets.
Esta oportunidad de venganza jamás había pasado por
la mente del joven Moremoney. Él no era así, pero se había presentado la ocasión
de darle una reprimenda a su jefe, en un ámbito fuera de las finanzas, pero al
fin y al cabo una lección.
El joven Moremoney tenía la destreza que se alcanza
con la práctica diaria. En cada saque, en cada derecha, en cada revés, se
imaginaba que le daba un golpe en el rostro a su jefe. Y ahora lo tenía de
rival, lo tenía enfrente.
Como estrategia, decidió alargar el juego. El
primer set lo ganó 7-6 y en muerte súbita 14-12. El segundo set, se dejó perder
6-7 y en muerte súbita 16-18.
Último set, un joven de 30 años, contra un Sr.
maduro de 55 años. ¿Quién ganará? ¿Quién tendrá el privilegio de representar al
estado de Jalisco en el abierto nacional? Mucho más agotado el Sr. Malacara,
pero pensando que podía humillar también en el deporte al joven Moremoney, comenzó
su saque. El joven Moremoney le contestaba y mandaba la pelota de un lado a
otro de la cancha, lo hacía a propósito, para cansarlo, para agotarlo.
Marcador en el tercer set, 5-4, sacando el Sr.
Malacara 30-40, oportunidad de quebrar y punto para campeonato del Sr.
Moremoney. El público presente se levanta de sus asientos, no da crédito a los
que sus ojos observan. El Sr. Malacara se desploma en la cancha. Entran los
paramédicos, solicitan llevarlo urgentemente al hospital más cercano. Estaba a
punto del infarto, posiblemente debido al esfuerzo físico que le propinó el
joven tesorero.
En la ceremonia de premiación, a punto de recibir
la medalla y el trofeo de vencedor del torneo estatal, suena el celular del
joven Moremoney. Le llamaba el Sr. Malacara.
- Jorge te exijo que hagas inmediatamente una transferencia al hospital “Jesús te Cuida”, no me reciben sin un depósito, mi tarjeta de crédito está bloqueada. ¡Es una emergencia! ¡Hazlo ya!
- Lo siento Sr., hoy es sábado, el banco está cerrado.
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