martes, 20 de octubre de 2015

¿Y LA COHERENCIA?



Una de las lecciones más grandes que he recibido en mi vida me la dio el señor Intelingicio, en una visita que hicimos a la Ciudad de Oaxaca. Estábamos comiendo alrededor de diez personas en uno de los restaurantes del zócalo de dicha ciudad. De repente, se acercan dos adolescentes, de entre trece y catorce años de edad, pidiendo limosna. El señor Intelingicio se levantó y los abrazó, invitándolos a comer a la mesa de al lado.

̶  Ordenen lo que apetezcan, jóvenes ̶ dijo el señor Intelingicio ̶ corre por mi cuenta.

̶  Gracias señor, es usted muy amable ̶ comentó el menor de los jóvenes.

̶  Fíjese señor, que tenemos dos días sin comer y no hemos vendido nada, debido a que hay pocos visitantes aquí en Oaxaca ̶ comentó el mayor de los adolescentes.

̶  No se preocupen, coman lo que gusten, yo invito ̶ replicó el señor Intelingicio. ̶  Barriga llena y a trabajar duro, ja, ja, ja. Buen provecho.

Yo me quedé anonadado ante tal espectáculo. Por supuesto, me acordaba de las clases que tomaba en la maestría en Administración Estratégica, en donde mis profesores siempre decían que uno de los mayores problemas de México era que mientras unos se esforzaban para obtener su sustento diario y progresar, otros, simplemente estiraban la mano para poder comer. Así que, alzando un poco la voz, interrumpí la conversación que el señor Intelingicio mantenía con uno de los clientes de la empresa.

̶ Disculpe, señor, ¿por qué les da el pescado a esos jóvenes? ¿No es mejor enseñarles a pescar?

Todos los presentes se quedaron boquiabiertos ante mi comentario. El señor Intelingicio, con mucha ecuanimidad me contestó:

̶ ¿Quién puede trabajar con el estómago vacío?

̶ ¿Cómo sabe usted que estos jóvenes no han comido? ̶ inquirí.

El señor Intelingicio se mofó de mi comentario.

̶ Sabe, amigo mío, nadie pide algo que no necesita. Si estos jóvenes están pidiendo limosna es porque la necesitan. Han dicho que no han vendido sus productos, así que es lógico que tengan hambre. Una vez que hayan satisfecho su necesidad de alimento, que emprendan su camino y que tengan el mayor de los éxitos.

̶ ¿Cómo sabe usted que estos jóvenes no abusan de los turistas y que, probablemente, no hagan un esfuerzo para vender sus productos? ̶ le cuestioné. ̶ Además, ¿usted cree que es la mejor forma de ayudar a la gente para sacarlos de la miseria dándoles limosna? Insisto, es mejor ayudarles a pescar, en vez de darles el pescado. 

̶ Voy a pagar los alimentos de estos jóvenes con mi dinero, y yo con mi dinero hago lo que me plazca ̶ me contestó el señor Intelingicio. ̶ Si me permite, continuaré la conversación que tenía anteriormente con nuestro invitado.

Me quedé molesto ante tal situación, porque ninguno de mis compañeros opinó al respecto, sabiendo de antemano que pensaban igual que yo, en virtud de que en varias ocasiones nos hemos negado a dar limosnas. Nuestro lema, tan utilizado en las aulas universitarias de “enseñar a pescar, en lugar de dar el pescado”, resultaba falsa a los ojos de nuestro Director General, hombre exitoso, quien era un ejemplo de cómo hacer negocios. 

Tres meses después, todo el equipo de trabajo volvimos a Oaxaca para presentar el proyecto final por el cual la empresa fue contratada. Regresamos al zócalo de la capital Oaxaqueña y sentados en un restaurante distinto de aquella ocasión, se acercaron muchas personas tratando de vender sus productos, mientras que otros, cómodamente pedían limosna.

̶ Disculpe ̶ me interrumpió el señor Intelingicio ̶ ¿son estos jóvenes lo que se sentaron a comer la vez pasada al lado de nuestra mesa?

̶ Perdóneme, señor, pero no recuerdo el rostro de las personas desconocidas ̶ contesté.

̶ Hey, ustedes, sí ustedes, vengan ̶ les dijo el señor Intelingicio.

̶ Buenas tardes, señor  ̶  comentaron los jóvenes. ̶ Es un gusto volver a verlo. Estamos muy agradecidos por la comida de aquella vez.

̶ Por favor, no hay nada qué agradecer. Por cierto, ¿ya comieron?

̶  Aún no, estamos trabajando.

̶ Entonces, tomen asiento, los invito a comer, pero ahora acompáñennos a la mesa.

̶  No, cómo cree. Nos da pena ̶ dijo el mayor.

̶  Para nada. Será un privilegio compartir los alimentos con ustedes. De hecho, tenemos mucho que aprender de sus vidas. Estamos precisamente preparando un proyecto de cómo sobrevivir ante condiciones hostiles. Así, que, jóvenes amigos, que mejor que ustedes para que nos cuenten de su experiencia.

Yo me quedó estupefacto, anodino ante tal situación. Pensaba que había sido una descortesía por parte del señor Intelingicio que unos jóvenes desconocidos y mugrosos se sentaran a platicar con nosotros y con nuestros clientes, de qué podríamos conversar. Honestamente pensaba que estos jóvenes eran unos oportunistas y que solamente sacaban provecho de la situación.

Una semana después, ya en las oficinas en la Ciudad de México, el señor Intelingicio me llamó a su oficina.

̶ Buenos días señor, a sus órdenes.

̶ Buenos días, tome asiento por favor.

̶ Gracias, en qué puedo servirle.

̶ ¿Se acuerda usted de los jóvenes que nos acompañaron a comer en el zócalo de Oaxaca?

̶ Sí, por supuesto, ¿qué tienen que ver ellos en esta conversación?

̶ Mucho. ¿Ya les enseñó a pescar? Si recuerdo bien, usted comentó que no era necesario darles el pescado, sino que había que enseñarles a pescar. ¿Ya lo hizo?

̶ Por favor, ja, ja, ja, es sentido figurado. Me referí a que no les demos a los pobres limosna, que no cubramos sus necesidades dándoles dinero o cosas para que pasen el día. De lo que se trata es de capacitarlos para que puedan ser personas de bien en la vida y puedan, por medio de sus capacidades, ganarse el sustento diario.

̶ Precisamente, a eso me refiero. Ustedes, en las universidades dicen palabras muy bonitas, que generalmente, cambiarían el rumbo de las empresas y de las personas, sin embargo, no las ponen en práctica. Por eso le pregunto, ¿ya les enseñó a pescar a estos jóvenes?

̶ No, por supuesto que no. ¿A qué hora? Ellos viven en Oaxaca y yo vivo en la Ciudad de México.

̶  Pero aquel día, usted alzó la voz haciéndose notar, exhortándome a que no los invitara a comer.

̶  Así fue, porque hay muchos que se aprovechan de la gente buena, que los ayuda.

̶  ¿Y usted quién es para juzgarlos? ¿Cómo sabe quién tiene la necesidad y quién está mintiendo?

̶  Es una intuición.

̶  Ja, ja, ja, ¿aprendida también en la universidad?

̶  Bueno, ¿a qué viene todo esto?

̶  Está usted despedido por incoherente. En mi equipo de trabajo solo deseo a gente que haga el bien al prójimo, gente honorable y comprometida éticamente con la humanidad. Deseo a personas dispuestas a sacar de la pobreza y de la ignorancia a la gente. ¿Cómo? Ayudándola, en la medida de las posibilidades de cada quien.

̶  Pero…

̶  No me interrumpa, todavía no concluyo. Aquel día, usted se ufanó que había que enseñar a pescar al prójimo y no lo ha hecho. Por lo tanto, sus palabras son huecas, están vacías y llenas de arrogancia. Uno de los grandes problemas que tenemos en nuestra sociedad es que no podemos disuadir los prejuicios que nos enseñan en las aulas. La vida práctica, la vida cotidiana es muy distinta a lo que los profesores transmiten. ¿Por qué? Porque la mayoría de los profesores de tiempo completo, están encerrados en sus cubículos, no se acercan a conocer la problemática de la población.

̶  Pero…

̶ Nuestra empresa es socialmente responsable, sin embargo, los empleados se muestran insensibles ante el sufrimiento y la carencia del ser humano, ¿es posible esto? ¿Podemos tolerar la humillación gritando que es mejor enseñarles a pescar sin llevarlo a cabo?

̶ Pero…

̶  No podemos ser una empresa que hace campañas de publicidad, presumiendo su responsabilidad social y a su vez contar con personal que sea poco sensible a las necesidades de su población.

Y así fue como aprendí el valor de la coherencia. Aprendí que somos libres, para actuar haciendo el bien o para actuar haciendo el mal. Muchas veces me he comportado de cierta manera para ser aceptado en sociedad, para pertenecer y ser bienvenido en un grupo de personas, que muy probablemente no tengan valores morales idénticos a los míos. Recibí una gran lección, sin duda. Ahora, trato de ayudar a la gente, los capacito, les enseño a superarse, los exhorto a que tengan confianza en sí mismos, en que no pierdan la fe. Estoy convencido que si cada mexicano ayudara a otro mexicano, si nos uniéramos como pueblo, como raza, estaríamos a un paso, sólo a un paso de ser un país de primer mundo. Pero infortunadamente, siguen los prejuicios, se piensa que hay personas moralmente superiores a otras. Seguimos siendo un país de privilegios, como en la época de las encomiendas. ¿Hemos cambiado en algo desde hace casi dos siglos de nuestro México independiente? ¡Qué gran lección me dio mi exjefe!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 19 de agosto de 2015

UNA MARCHA MÁS


En la Ciudad de México se llevan a cabo un poco más de 8,000 marchas al año. Los motivos son diversos. Marchan los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), marchan también los de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), quienes han hecho mucho para aumentar la desigualdad en el Estado de Oaxaca, sobre todo los pertenecientes a la sección 22, quienes están en contra de la reforma educativa que establece la evaluación de los docentes, además de frenar la herencia de plazas a familiares y amigos.

También marchan sobre el hermoso Paseo de la Reforma, que algunos comparan con los Campos Elíseos en París, los alumnos que fueron rechazados para ingresar a la educación media superior, ya que exigen un lugar en alguna institución educativa, porque la Constitución establece que ésta debe ser laica, obligatoria y gratuita, aunque muchos de ellos no sepan ni leer, ya ni si diga escribir.

Todos tienen el derecho de marchar, muchos marchan, por diferentes motivos, así que yo convoqué a una marcha. Un mes para prepararla, enviando tuits, invitando a mis seguidores a retuitear la iniciativa. También lo hice por Facebook, exhortando a mis conocidos y a amigos a conglomerarnos el último viernes de mes a las 15:00 horas en el Ángel de la Independencia con rumbo al zócalo de la capital. Ese día era de pago, de recibir el sueldo. La afectación del tráfico será fatal. La ciudad se volverá un caos, pero queremos llamar la atención, queremos que la población y las autoridades nos escuchen, que atiendan a nuestras demandas.

Llegó el día esperado, tan ansioso para dar inicio a mi primera marcha. Los participantes convocados eran cerca de 80,000, muchos con sus pancartas, muchos con altavoces. Ahora sí, nos iban a escuchar.

Como buen líder, tomé la iniciativa. En punto de las 15:00 horas con un micrófono y unas potentes bocinas, comencé mi manifiesto, y así me dirigí a las personas congregadas:

         ̶ ¡Gracias por su asistencia, compañeros! Hoy será una marcha histórica, que cambiará la vida de muchas personas en esta capital. Hoy marcharemos para que prevalezcan nuestros derechos como ciudadanos.

         ̶ ¡Compañeros! ̶ continué. ¿Quién de ustedes ha sido rechazado de una universidad pública y por lo tanto exigen su pase automático a las mismas?

         ̶ ¡Ninguno! ̶ contestó la multitud congregada.

         ̶ ¡Compañeros!, ¿quién de ustedes está en contra de la reforma educativa y exige que los maestros de sus hijos no sean evaluados?

         ̶ ¡Ninguno!

         ̶ ¡Compañeros!, ¿quién de ustedes desea un voto por voto y casilla por casilla porque su candidato a gobernador o senador o diputado no ganó la elección?

         ̶ ¡Ninguno!

         ̶ ¡Compañeros!, ¿quién de ustedes es homosexual, bisexual, transexual y piensa que no se respetan sus derechos ciudadanos?

         ̶ ¡Ninguno!

         ̶ ¡Compañeros!, ¿quién de ustedes es heterosexual?

         ̶ ¡Todos!

         ̶ ¡Compañeros!, ¿están a favor de los taxis piratas que en condiciones desagradables y deplorables prestan el servicio a la población capitalina?

         ̶ ¡No!

         ̶ ¡Compañeros!, ¿les alcanza el sueldo que tienen o exigen que “salario mínimo al presidente para que vea lo que se siente”?

         ̶ ¡Sí nos alcanza, porque nos preparamos estudiando y además trabajamos duro! ̶ Comentó un participante en la manifestación.

         ̶ ¡Compañeros!, ¿quién de ustedes piensa que los 43 muertos de Atoyzinapa fue un crimen de estado?

         ̶ ¡Ninguno!

         ̶ Los responsables fueron los del PRD ̶ comentó una asistente a la manifestación.

         ̶ ¡Compañeros!, ¿quién de ustedes piensa que la “señito” es la única periodista que tiene la verdad absoluta y que los demás medios de comunicación están vendidos y comprados por el gobierno?

         ̶ ¡Ninguno!

         ̶ ¡Compañeros!, ¿quién piensa que el “Piojo” Herrera fue despedido injustamente y que solo él llevará a la selección mexicana de futbol al tan ansiado quinto partido en un mundial?

         ̶ ¡Ninguno!

         ̶ ¡Compañeros!, ¿alguien desea manifestar alguna inconformidad o alguna injusticia?

         ̶ Por el momento no ̶ gritó un joven.

         ̶ ¡Ya marchemos! ̶ exigió un grupo de señoras presentes en la manifestación.

         ̶  ¡Marchemos, compañeros!

Y con altavoces y con sus pancartas, los 80,000 asistentes gritábamos a todo pulmón.

“El pueblo se cansa de tanta pinche marcha”.

 

martes, 4 de agosto de 2015

LA AMBICIÓN COMO TESTIGO


Se aproximaba la hora de la salida en la empresa donde trabajaban dos bellas jóvenes de unos veintidós años de edad. Era viernes, fin de mes, día de pago. Cada una de ellas había recibido vía transferencia electrónica su sueldo devengado. Esa noche la pasarían ambas en un Bar-Lounge de Bosques de las Lomas, una de las colonias más exclusivas de gente adinerada de la Ciudad de México. Su intención, pasársela bien ese fin de semana, procurando no gastar ni un solo peso. Mucho mejor si se ligasen a un par de jóvenes ricos que las sacaran de trabajar.

             ̶  Oye, Vero, ¿Me veo bien con esta minifalda? ¿No estará muy corta, amiga?

            ̶  Claro que no, Mony. Para eso vamos al gimnasio, ¿o no, amiga?

            ̶  Ja, ja, ja, para ver cómo a todos los idiotas se les cae la baba al vernos las piernas.

         ̶  ¿Qué tal mi escote? ̶  le preguntó Mony a Vero.

         ̶  Está para que ligues, amiga. ¡Te ves buenísima!

         ̶  ¿Tú crees? ¿En serio?

         ̶  Sí, vanidosita. Vámonos, que se nos hace tarde.

Alrededor de las 10 de la noche, ya instaladas en el Bar-Lounge, ambas tomaban sus cocteles. Mony degustaba un Martini Manhattan, mientras que Vero pidió un Martini Cosmo, especialidad del Bar.

El lugar era el preferido de los hedonistas de la capital. Era el lugar de moda. Quien realmente pertenecía a la clase alta, era un visitante asiduo del lugar. Asistía gente de todas las edades.

Cerca de donde se encontraban Mony y Vero, había un par de jóvenes apuestos, de buena vestimenta, bien parecidos, quienes iban con la finalidad de ligar. Ya se habían percatado que las chicas se encontraban solas y que pasaba el tiempo y nadie se les había acercado. Ellas, por su parte, ya iban en su tercera copa, por lo que la cuenta se incrementaba considerablemente, pero lo mejor, ya el alcohol estaba haciendo mella en sus cerebros.

Era hora de aproximarse a ellas. Demostrar la labia.

           ̶  Hola ̶ dijo Luis. ¿Por qué tan solas, preciosas? ¿Podemos acompañarlas?

Sin dejarlas responder, con el asombro de ellas, Iván dijo, tronando lo dedos.

          ̶ Mesero, tráiganos lo mismo que están tomando ellas. Para estas hermosuras también, sírvales otra copa igual.

            ̶  Oye, amigo mesero ̶ continuó Iván. Deseamos un platillo de botanas surtidas, con jamón serrano, salami, anchoas, salmón y queso camembert. Esto para empezar, es para picar, estas princesitas tienen hambre, ¿verdad, bonitas?

Sin dejarlas hablar, el otro amigo intervino.

          ̶  Perdón, soy un descortés, ni siquiera me he presentado, mi nombre es Luis, soy el dueño de la cadena de tiendas Martínez. Luis Martínez a sus órdenes.

Las dos al mismo tiempo dijeron:

          ̶  ¿Te apellidas Martínez?

         ̶  Sí ̶ dijo Luis. ¿Qué tiene de malo? ¿Ustedes son de las que miden a las personas por sus apellidos? A ver, princesas, ¿a poco ustedes poseen apellidos de abolengo?

         ̶  No precisamente ̶ contestó Mony. Mi apellido es Duvost. Soy Mónica Duvost. Encantada de conocerlos.

         ̶   Yo soy Verónica Courtois. Un placer.

         ̶  Me presento ̶ dijo Iván. Mi nombre es Iván Hernández, humilde y seguro servidor de este par de hermosuras que me complace enormemente conocer en esta encantadora noche de luna azul. Soy el Director General de la cadena de tiendas Martínez.

Pasó el tiempo, fue una plática agradable, con buena música de fondo. Transcurridas más de tres horas, llegó el momento de retirarse.

          ̶  Todo un placer haberlas conocido, bonitas ̶  dijo Luis.

         ̶  Por supuesto ̶ intervino Iván. Fue una velada divina, inolvidable. Gracias por habernos acompañado, princesitas angelicales.

Después de haber dicho eso, le entregó a cada una su tarjeta de presentación. Luis hizo lo mismo.

Al leerlas, se percataron que efectivamente correspondían al socio mayoritario y al Director General de las tiendas Martínez.

Verónica fisgoneaba en su bolso, a ver si encontraba sus tarjetas de presentación.

          ̶  ¡Ay! ¿dónde las dejé? ̶  decía.

         ̶  No te preocupes ̶ dijo Luis. Dame tu número de celular. Te marco y así registras el mío.

         ̶  Buena idea ̶ comentó Vero. Márcame, Luis, así registro tu número de celular.

         ̶  Por cierto, el próximo mes vamos a inaugurar nuestra primera tienda en España ̶ les comentó Luis. Seríamos muy afortunados si hicieran el honor de acompañarnos, preciosas. Por supuesto, con todos los gastos pagados.

         ̶  ¿Qué opinan? ̶  preguntó Iván.    

         ̶  Lo vamos a pensar, ¿verdad amiga? ̶  respondió Vero. Pero para mí, la idea es genial, aunque tenemos que revisar la agenda de trabajo.

         ̶  Bueno, esperaremos su respuesta ̶ comentó Iván. Sin prisa, piénsenlo bien, la pasaremos de lujo.

̶  Por cierto, ¿tienen cómo irse a sus casas? ̶  preguntó Luis.

         ̶  No se preocupen ̶  contestó Mony. Tomaremos un taxi, de aquí del Bar-Lounge. Total, vivimos aquí cerca, en las Lomas de Chapultepec.

         ̶  Si gustan podemos llevarlas ̶  comentó Iván. Vamos para Polanco.

         ̶  Mmm, es que ya pedimos el taxi y se nos hace mala onda ̶ señaló Vero.

         ̶  De acuerdo, no hay problema ̶  dijo Iván.

Se despidieron, las chicas abordaron el taxi y Luis hizo una seña con su mano para que se aproximara uno de sus empleados, quien la hacía de guardaespaldas. Luis le ordenó que las siguiera discretamente para informarle en dónde vivían.

Mientras tanto, ellas dentro del taxi platicaban.

          ̶  ¿Qué te parecieron estos tipos? ̶ preguntó Vero.

         ̶  Están guapísimos. Además, tienen mucho dinero. ¿Viste lo que pagaron de cuenta?

         ̶  Sí, amiga. Y son muy decentes y caballeros. Con dos copas, muchos de los muchachos que se nos acercan ya quieren llevarnos al hotel, ja, ja, ja.

         ̶  Pues te juro que si estos cuates lo hubieran insinuado, yo les hubiera dicho que sí, sin pensarlo.

         ̶  Yo igual, amiga. Ya me sentía bien cachonda.

         ̶  Pues nos hemos ligado a unos tipos que ahora sí valían la pena. Adiós pobreza, adiós miseria.

         ̶  Sí, amiga. Adiós al trabajo de recepcionista. Todo el día contestando llamadas.

         ̶  Ja, ja, ja, ¡sí! Adiós al sueldo miserable.

Llegó el guardaespaldas de Luis, diciéndole que las había seguido y que de ninguna manera vivían en las Lomas de Chapultepec. Vivían en un edificio viejo cerca de Tacubaya.

          ̶  Perfecto ̶ dijo Luis. Este es el tipo de chicas que nos gusta ligar.

Y así pasaron varios fines de semana, en donde se habían visto los cuatro para ir a comer a buenos restaurantes de la zona de Polanco, las Lomas, Santa Fe. También habían ido a un casino, en donde jugaban con las maquinitas tragamonedas y blackjack.

          ̶  Oigan, preciosas ̶  interrumpió Iván.

Y tomó de su saco cuatro boletos de avión.

          ̶  El próximo viernes salimos para España.

         ̶  ¡Sí! ̶ dijo Luis todo emocionado. Son boletos de primera clase para irnos los cuatro a Madrid. Inauguraremos nuestra primera tienda Martínez.

         ̶  ¡A ver! ̶  dijo Vero. ¡Son reales, son reales!

         ̶  ¡Eh! ̶ comentó Mony. ¡Hostias! Nos vamos a España, ¡qué alegría!

Y así, transcurrieron las horas, los días. Quedaron de verse el siguiente sábado en el aeropuerto.

Las dos bellas jóvenes estaban nerviosas, estaban llenas de júbilo, porque por fin se les hacía realidad su sueño de visitar Europa.

Pasaron treinta minutos, Luis e Iván no llegaban. Por fin, a lo lejos, se veía a Iván, corriendo un poco agitado.

          ̶  Hola, perdón por la demora. Es que llegaron las autoridades de salud a practicar una auditoría a unas de nuestras tiendas. Luis, como dueño y socio que es, tiene que atender a las autoridades. Yo, como Director General y representante legal, también tengo que estar presente.

         ̶  ¿Se cancela el viaje? ̶  preguntó angustiada Mony.

         ̶  No, preciosa. Claro que no. Ustedes tienen sus lugares reservados en primera clase. Allá, en el aeropuerto de Madrid, las esperará Venancio Sánchez, quien las llevará al hotel Adler, de los mejores de la capital española. No se preocupen por nada, nosotros las alcanzaremos el próximo martes.

         ̶  ¿Y cómo reconoceremos al tal Venancio ese? ̶  inquirió Vero.

         ̶  No se angustien. Él tendrá un letrero con sus nombres. Estará en el pasillo de salida.

         ̶  ¡Ok, perfecto! Allá nos vemos, que todo salga bien en la auditoría ̶  comentó Mony.

         ̶  No se fijen tanto por eso, son revisiones de rutina. De alguna forma deben de justificar el por qué hay tantos burócratas, ¿no creen? Por cierto, ¿les puedo pedir un favor?

         ̶  Por supuesto ̶ dijo Mony. Faltaba más.

         ̶  Gracias. Entréguenle esta pequeña maleta a Venancio. Son documentos muy importantes los que vienen en ella. Son papeles sobre estudios de mercado para abrir más tiendas en toda España. Por eso deben documentarla. Cuando localicen a Venancio, le entregan la maleta y él las llevará al hotel.

         ̶  De acuerdo ̶ comentó Mony. ¡Ay! Los vamos a extrañar mucho. Cuídense, ¿Sí?

         ̶  Tranquila, linda. El martes nos veremos. Buen viaje.

Se despidieron de la manera más amable, con mucho cariño, como si fueran amigos de toda la vida.

Llegando al aeropuerto de Madrid, las guapas jóvenes pasaron las revisiones de rutina. Migración y aduana. Cuando pasaron por el área metálica de revisión de equipaje, un trabajador llamó por la radio. Inmediatamente llegaron seis policías, perfectamente armados. Uno de ellos dijo, dirigiéndose a Mony y a Vero.

          ̶  ¿Es de ustedes esta maleta?

         ̶  Sí ̶  contestó Mony.

         ̶  ¿Me pueden indicar qué traen en ella?

         ̶  Documentos, estudios de mercado, planos ̶ dijo Vero.

         ̶ Resulta que no, jovencitas. Esta maleta contiene sobres de cocaína. Quedan arrestadas.

 

 

 

 

 

viernes, 24 de julio de 2015

EL PERIODISTA Y EL GOBERNADOR


Desde que era niño, Ricardo Al Pie de la Nota, veía que todos los días su papá leía con ahínco los periódicos de circulación nacional. Su padre le comentaba que era de suma importancia estar enterado del acontecer nacional e internacional, ya que la información es poder. Esas palabras nunca las olvidó, por tal motivo, de joven decidió estudiar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación.

Rubén Torcido del Todo, desde que entró a la escuela secundaria era un asiduo lector de biografías de hombres de poder. Leyó completos los libros que describían las hazañas y discursos de Napoleón Bonaparte, Winston Churchill, Charles De Gaulle, Adolfo Hitler, Lósif Stalin, incluso, hasta del innombrable, del señor Carlos Salinas. Desde la adolescencia tenía el don de mando, era el líder indiscutible en su salón de clase. Estaba decidido a estudiar alguna carrera relacionada con la política, estaba obsesionado con el poder. Quería emular a sus héroes de la adolescencia que había conocido a través de los libros, por ello, decidió estudiar la licenciatura en Ciencias Políticas.

Por azares del destino, estos dos jóvenes lectores con metas relacionadas al poder, se conocieron en el tronco común de las carreras universitarias que habían elegido. Estudiaron juntos durante cuatro semestres. Intercambiaron lecturas, ensayos, libros, artículos, etcétera. Todo aquello relacionado con el poder, aunque a uno de ellos le interesaba el poder de la información, mientras que al otro le interesaba el poder de un cargo público. Su interés por este tema los llevó a editar en forma semanal la revista universitaria “Letras Poderosas”, en donde plasmaban frases de grandes estadistas, así como notas periodísticas de gran relevancia para la juventud de entonces, miembros de la comunidad académica.

Frases como, “El poder absoluto, corrompe absolutamente” y “Con el poder absoluto, hasta a un burro le resulta fácil gobernar”, de Lord Acton, hacían que los estudiantes esperaran con ansia la publicación semanal de dicha revista. Aunque la frase preferida del joven Torcido del Todo era “El primer arte que deben aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio”, de Séneca. Quizá por esta frase, que ponía en práctica, se volvió arrogante y engreído.

Mientras que al joven Al Pie de la Nota le gustaban las frases tales como, “El periodismo es una maravillosa escuela de vida”, de Alejo Carpentier; “El periodismo es libre o es una farsa”, de Rodolf Walsh; “Estoy muy interesado en el progreso y avance del periodismo, después de haber dejado parte de mi vida en esa profesión, la recuerdo como una noble profesión de inigualable importancia por su influencia” de Joseph Pulitzer. Los estudiantes y profesores leían con fruición dicha revista semanal.

A partir de esos gratos momentos de estudio, de lectura, de escribir y volverse famosos por sus publicaciones en la revista “Letras Poderosas”, fue creciendo su amistad. Eran amigos inseparables. Inclusive, eran compañeros en las fiestas y en las reuniones que se planeaban algunos viernes en las cantinas.

 

Treinta años después, el señor Ricardo Al Pie de la Nota, era el periodista con mayor credibilidad y audiencia en radio y televisión a nivel nacional. Inclusive, ganó el premio nacional de periodismo, además de haber obtenido el tan afamado premio Pulitzer, por sus grandes reportajes sobre el enriquecimiento ilícito de gobernantes a nivel nacional e internacional. En sus noticieros siempre había denunciado la corrupción galopante que hacía que los países de América Latina no prosperaran y se mantuvieran en la pobreza e ignorancia. De hecho, en su tesis de doctorado, su hipótesis consistía en señalar que los países eran pobres porque siempre, desde el poder público, se beneficiaba a un grupo pequeño de interés en detrimento de la gran mayoría de la población que quedaba marginada. Y se podía comprobar con tantas licitaciones ganadas con grupos empresariales cercanos a los secretarios de estado, a los gobernadores, a la presidencia, en fin, a cualquier cargo público.

Mientras tanto, Rubén Torcido del Todo, cumplió su sueño de llegar a gobernar la entidad que lo vio nacer, en donde creció, en donde disfrutó su infancia, el lugar que le dio la oportunidad de contar con una educación universitaria a nivel posgrado. Era una gran ocasión de servir a la población de la entidad federativa que tanto le brindó a él, como a su familia.

La amistad de ambos, por supuesto que se mantenía intachable. Se frecuentaban por lo menos una vez a la semana. Con cierta regularidad, el periodista Al Pie de la Nota entrevistaba en vivo al gobernador Torcido del Todo, para que éste luciera con bombo y platillo los programas de combate a la pobreza, pero sobre todo, la transparencia en el uso de los recursos públicos. Había sido el primer gobernador en transparentar las licitaciones en la página de internet oficial del gobierno, así como todo el presupuesto aprobado y ejercido. Sin duda alguna, ascendía como la espuma en las encuestas de popularidad. De seguir así, Rubén Torcido del Todo, posiblemente sería el próximo presidente de la república.

Un día, una reportera quien realizaba su servicio social en la estación de radio cuyo principal conductor era Ricardo Al Pie de la Nota, mostró las pruebas y evidencias que señalaban que el gobernador Rubén Torcido del Todo extorsionaba a los vendedores ambulantes, solicitándoles grandes cantidades de dinero a diario para poder mantener sus puestos. Otro reportero, también en servicio social, documentó la red de complicidades con lenones y proxenetas que controlaban la prostitución en los barrios bajos de la entidad federativa que gobernaba.

  • Esto no puede ser- se dijo para sí mismo Ricardo.

Exigió a su equipo de investigaciones especiales indagar sobre estos hechos. Después de algunas semanas, los resultados eran contundentes: el gobernador Rubén Torcido del Todo era un corrupto, socio de los principales narcotraficantes al menudeo de la entidad federativa. Era un profesional en el lavado de dinero, con una enorme cantidad de empresas fachada que se habían constituido para ocultar los recursos de procedencia ilícita. Todo el mundo lo sabía, menos el periodista con mayor credibilidad.

  • Están todos despedidos, por mentirosos- dijo el señor Al Pie de la Nota.
  • Con todo respeto, señor- le dijo el jefe de redacción- sabemos de su amistad con el señor gobernador, pero las pruebas son contundentes.
  • Que se larguen todos de aquí- repitió el periodista.

Y así, después de una semana sin dormir, el gran periodista, con mucho prestigio, con todos los honores y premios en el medio periodístico nacional e internacional, se debatía al interior de su mente.

¿Daba a conocer la noticia o no? ¿Qué era más importante para él, la credibilidad de un periodista que acumuló a través de los años o la lealtad de un amigo con quien creció y formó carrera paralelamente?

¿Credibilidad o lealtad? Repetía en su soliloquio todas las noches largas, sin conciliar el sueño. ¡Qué ignominia!

El problema persistirá siempre, mientras los periodistas sean amigos de los gobernantes. Por eso, muchas veces se oculta la verdad.

jueves, 16 de julio de 2015

SOCIEDAD PREJUICIOSA


Reunidas, como todas las tardes de los jueves, las dos señoras de clase media se habían citado para degustar su café y su habitual postre en un "Sanborn´s". Tenían como propósito ponerse al tanto del acontecer diario de sus amigas que no habían sido convocadas a la tertulia. La distracción preferida de mucha gente es hablar mal de quien no está presente, es inventar chisme, por eso en México se venden más revistas de la vida de los artistas que periódicos, ya ni se diga de libros. Por tal motivo, cuídense de quienes no tienen nada que hacer, porque se ocuparán en descomponer y arreglar la vida ajena, como si la propia fuera perfecta.

Al cabo de media hora de intercambio de anécdotas ajenas y de criticar el atuendo de la primera dama, hecho con las cortinas de quien sabe que tugurio, que utilizó en la visita a México de su majestad, el rey de España Felipe VI, las dos señoras se percataron que en la mesa de al lado había una pareja de treintañeros, en donde él escribía en una computadora con un celular a lado, mientras que su acompañante ponía cara de aburrimiento, como si hubiera transcurrido un siglo, como quien ha esperado que los Estados Unidos nos devuelvan Texas.

  • Ya viste a esa pareja -dijo la señora Chismolina, la que más suele entrometerse en asuntos que no le incumben.
  • Sí, desde hace rato él la ignora, con lo bella que es su mujer -contestó la señora Entrometida del Todo.
  • De seguro está viendo pornografía. Porque has de saber amiga, que cada vez la gente es más indecente, no tienen perdón de Dios, inventan cada cosa para salirse de su realidad. Viven en una insatisfacción sexual que da miedo. ¡Qué escándalo, por Dios! ¡Esta concupiscencia nuestra de cada día!
  • Esta perniciosa tecnología, lo único que ha logrado es que la gente deje de conversar, de dialogar, de intercambiar ideas. La juventud de ahora tiene ese nuevo vicio, de estar viendo a cada instante sus redes sociales. Prefieren comunicarse vía Twitter con desconocidos que el intercambio de una sonrisa con sus más allegados. Y publican sus viajes en Facebook, para causar la envidia de su círculo de seguidores. Por eso les abren sus casas y se las vacían. Ellos, sólo ellos son los culpables.
  • Pero mírala amiga, pobre mujer, tan apacible que se ve, está aburridísima, y al canalla ese ni le importa. Y más sonríe el desgraciado, obsérvalo.
  • Sí querida, te apuesto que ha de estar mandándose mensajes con su amante, porque no hay hombre que no tenga una. Todos los hombres son iguales, mientras que nosotras las mujeres nos debemos, entregamos y vivimos toda la vida para un solo hombre.
  • Si yo fuera ella, ya me hubiera largado. Pero a esta sociedad la falta de caballerosidad le acompaña la falta de dignidad. Pobre estúpida, segurito le ha de pegar. Una mujer maltratada más.
  • Ya ni corajes hagas, que no nos amarguen la tarde estos jóvenes, que han hecho una bazofia de nuestra sociedad.



Mientras tanto, la pareja de jóvenes conversaban.

  • Por fin, amor. Ya pude hacer las citas por internet para obtener nuestras visas de los Estados Unidos y así cumplir nuestro sueño de conocer Nueva York en otoño.
  • Pues fue más rápido de lo que esperaba, mi cielo. La comadre Sabia de la Cabeza se demoró como tres horas en programar su cita. Y que luego fue a un lugar a tomarse la foto y volvió otro día a la entrevista al consulado.
  • Ja, ja, ja, pues como yo tenía todos nuestros datos en el celular me fue más fácil la captura de la información. Todo es asequible con el uso de la tecnología. Además, logré que las dos citas, tanto para tomarnos la foto y huellas dactilares, así como la entrevista con el cónsul fueran el mismo día.
  • Mmmm, por eso te amo, porque eres un genio en el uso del internet.
  • ¡Cuídeme! Por eso cuídeme, amor. Por cierto, me dio pena contigo, mi cielo. Te noté muy aburrida.
  • Pues sí, amor. Pero se me olvidó el libro que estoy leyendo.
  • Te hubieras comprado una revista u otro libro, aquí en "Sanborn´s" venden muchos.
  • ¡Ay, amor!, sabes que no me gusta comenzar a leer un libro hasta que termine el que estoy disfrutando.
  • Por cierto, mi cielo, ¿conoces a esas dos señoras que están en aquella mesa a tu izquierda?
  • ¿Quiénes?
  • Aquellas gordas sesentonas. Demuestran una hilaridad profunda.
  • No, amor, ¿por qué?
  • Desde hace rato nos echan unas miradas de odio.
  • No te preocupes, amor, a la mejor conocen a tu gemelo.
  • Sí, probablemente. Nos vamos, linda. Ojalá ya haya llegado la luz en la casa.

viernes, 3 de julio de 2015

QUÉDENSE JODIDOS

 

Desde pequeño he tenido la habilidad para negociar. Siempre he pensado que en una transacción, sea económica, financiera o de cualquier tipo, las partes involucradas deben obtener los mismos beneficios. Por eso aprendí que quien compra un producto en una tienda debe agradecer, pero también el vendedor debe hacerlo. Si yo compro una botella de agua para saciar mi sed, me veo beneficiado por ello, y el dueño o administrador del establecimiento que me vendió el agua se ve beneficiado porque obtiene una utilidad. En pocas palabras, en economía, todos ganan, todos ganamos, todos debemos vernos favorecidos. Sin embargo, por ignorancia, por prejuicios, por estupidez humana, esto no siempre sucede así.

Una de las formas de ayudar al prójimo, al hermano caído en desgracia de cualquier tipo, pero en este relato me refiero a la desgracia económica, es precisamente darle la oportunidad de que salga adelante por sus propios medios, apoyándolo a conseguir empleo, en que venda sus productos, en capacitarlo, en fin, a motivarlo a obtener el sustento diario.

Fue así, que hace dos años emprendí un negocio en el municipio de Zongolica en el estado de Veracruz, lugar con una marginación galopante, en donde prácticamente toda la población vivía en la pobreza extrema. Pero eso sí, la fiesta, la pachanga eran de cada semana. Las mayordomías eran los grandes privilegios de los indígenas de la zona, se sentían hijos predilectos de Dios, según ellos así pagarían la serie de pecados terrenales teniendo acceso directo al paraíso, sin tener que dirigirle la palabra a San Pedro.

Puse una comercializadora de productos regionales, que los propios lugareños elaboraban, pero no tenían forma de ofrecerlos a los posibles compradores. Zongolica es un lugar situado en la sierra madre oriental en el centro del estado de Veracruz, como a 50 kilómetros al sur de Orizaba. Como es un lugar donde prácticamente todo el año llueve, hay ríos, el clima es selvático, por lo que es atractivo para el ecoturismo. Sin embargo, los víveres había que adquirirlos en Orizaba o Córdoba, que el tiempo de traslado era de entre dos o tres horas, a pesar de los pocos kilómetros que los separaban.

Pues necesitaba empleados, gente que me ayudara a recibir la mercancía, a ordenarla en los anaqueles, a despachar a los clientes, en fin, había que brindar empleo a una comunidad tan pobre, era una forma de ayudar a un lugar, aparentemente olvidado por Dios. Así que puse un letrero en donde solicitaba a tres ayudantes.

Después de diez días, se me acercó una persona.

  • Disculpe patrón, ¿cuánto paga por el empleo?
  • Siete mil pesos mensuales por trabajar ocho horas, con todas las prestaciones de la ley- le contesté.
  • Tan poquito- me reclamó.
  • Oiga, en la capital un contador con título universitario al terminar su carrera obtiene un sueldo de cinco mil pesos, trabajando doce horas diarias- le inquirí.
  • Pues allá en la capital son re mensos- me dijo, agregando lo siguiente.
  • A mí el gobierno federal me paga $2,500 pesos bimestrales por cada uno de mis cuatro hijos, más los apoyos del gobierno estatal por estar en una zona marginada, más el PRI que nos apoya con despensa, pues saco más con eso sin trabajar, que sus mugrosos siete mil pesos. Indio, indio, pero no pendejo para trabajar por mugrientos siete mil pesos. Haciendo nada gano más. Que trabajen los burros.



En fin, este país de dádivas, en donde al gobierno le conviene tener marginada a la población, en la pobreza y en la ignorancia, para poderlos manipular a su antojo. Es un círculo vicioso, en donde veo muy difícil salir. El patriarca gobierno obtiene votos de los miserables a cambio de administrarles su comida. Estos pobres desnalgados votan por ellos en las elecciones porque ven por sus intereses y los ayudan dándoles de comer, dándoles sus centavitos, que inmediatamente se gastan en los congales con las putas.

Después de un mes de no conseguir a nadie que me ayudara, me atreví a anunciar los empleos que ofrecía en el periódico regional. Asistieron inmediatamente como quince personas de Orizaba y de Córdoba, aunque prácticamente en la misma zona, no se consideraban de alta marginación, por lo que no llegaban los apoyos gubernamentales. Contraté a tres jóvenes, fuertes, estudiantes y con ganas de salir adelante. Sus traslados eran de entre hora y media y dos horas, pero necesitaban con fervor salir de la pobreza, era necesario esos ingresos.

El negocio fue creciendo, en virtud de que vendíamos los productos necesarios para los turistas que pasaban por el pueblo, además de ser un lugar que comunica a varias poblaciones de la sierra, lugar de paso obligado. Vendíamos desde agua purificada, hasta cuerdas, poleas, utensilios para campamentos, artículos para la despensa. También, debo decir, gran parte de los ingresos de la población de Zongolica iba a parar a mi negocio, ya que cuando sus habitantes recibían los apoyos gubernamentales, se lo gastaban en botellas de tequila, ron y cerveza, ni siquiera les servía para una sana alimentación. Yo les vendía lo que ellos demandaban, aunque los persuadía de no hacerlo. Siempre, en forma violenta me decían:

  • A ti qué te importa maldito burgués, estoy pagando, ¿qué no?



Y así, con mucho trabajo, con muchas ventas, les ofrecí a mis tres empleados que trabajaran tres horas más diarias, a cambio de hospedaje de lunes a viernes, así como los tres alimentos por mi cuenta. Poco a poco, el negocio creció y llegué a tener cinco empleados, con un sueldo de nueve mil pesos, hospedaje y alimentación diaria.

Debido a la prosperidad que el negocio me había dado, comenzaron las envidias. Que yo era un maldito capitalista, que me beneficiaba de la necesidad de la gente, que servía al demonio, que nunca me veían en misa, en fin. Siempre hay que tener cuidado de la gente que no tiene nada que hacer, porque estarán ocupados en inventar chismes.

En lascampañas electorales, los candidatos a la presidencia municipal prometían a los lugareños que no permitirían la desigualdad.

  • Compañeros, este país está jodido, porque mientras algunos se enriquecen con sus negocios, otros, como ustedes, viven en la miseria, sin oportunidad de trabajo, sin oportunidad de una educación digna. Que mueran aquellos que han hecho de los hombres esclavos de los hombres.



Otro ignorante y demagogo candidato comentó a la concurrencia.

  • En Zongolica, queremos igualdad, no permitiremos que nadie progrese a cambio de la miseria de los indígenas. Estamos hartos de que los hombre blancos y barbados nos sigan saqueando.



Y así fue, como en una noche incendiaron mi negocio, porque mi trabajo arduo, mi preparación, mi inversión, el riesgo que asumí, mi visión de negocio me dio para incrementar mi patrimonio, mientras que los lugareños no quisieron trabajar, estando aún a expensas de los apoyos del gobierno. Y por supuesto, en un país de ignorancia y prejuicios, quien triunfa debe ser llevado a las galeras del averno.

En fin, quédense jodidos, bola de holgazanes.