Desde
que era niño, Ricardo Al Pie de la Nota, veía que todos los días su papá leía
con ahínco los periódicos de circulación nacional. Su padre le comentaba que
era de suma importancia estar enterado del acontecer nacional e internacional,
ya que la información es poder. Esas palabras nunca las olvidó, por tal motivo,
de joven decidió estudiar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación.
Rubén
Torcido del Todo, desde que entró a la escuela secundaria era un asiduo lector
de biografías de hombres de poder. Leyó completos los libros que describían las
hazañas y discursos de Napoleón Bonaparte, Winston Churchill, Charles De
Gaulle, Adolfo Hitler, Lósif Stalin, incluso, hasta del innombrable, del señor
Carlos Salinas. Desde la adolescencia tenía el don de mando, era el líder
indiscutible en su salón de clase. Estaba decidido a estudiar alguna carrera
relacionada con la política, estaba obsesionado con el poder. Quería emular a
sus héroes de la adolescencia que había conocido a través de los libros, por
ello, decidió estudiar la licenciatura en Ciencias Políticas.
Por
azares del destino, estos dos jóvenes lectores con metas relacionadas al poder,
se conocieron en el tronco común de las carreras universitarias que habían
elegido. Estudiaron juntos durante cuatro semestres. Intercambiaron lecturas,
ensayos, libros, artículos, etcétera. Todo aquello relacionado con el poder, aunque
a uno de ellos le interesaba el poder de la información, mientras que al otro
le interesaba el poder de un cargo público. Su interés por este tema los llevó
a editar en forma semanal la revista universitaria “Letras Poderosas”, en donde
plasmaban frases de grandes estadistas, así como notas periodísticas de gran
relevancia para la juventud de entonces, miembros de la comunidad académica.
Frases
como, “El poder absoluto, corrompe absolutamente” y “Con el poder absoluto,
hasta a un burro le resulta fácil gobernar”, de Lord Acton, hacían que los
estudiantes esperaran con ansia la publicación semanal de dicha revista. Aunque
la frase preferida del joven Torcido del Todo era “El primer arte que deben
aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio”, de
Séneca. Quizá por esta frase, que ponía en práctica, se volvió arrogante y engreído.
Mientras
que al joven Al Pie de la Nota le gustaban las frases tales como, “El
periodismo es una maravillosa escuela de vida”, de Alejo Carpentier; “El
periodismo es libre o es una farsa”, de Rodolf Walsh; “Estoy muy interesado en
el progreso y avance del periodismo, después de haber dejado parte de mi vida
en esa profesión, la recuerdo como una noble profesión de inigualable
importancia por su influencia” de Joseph Pulitzer. Los estudiantes y profesores
leían con fruición dicha revista semanal.
A
partir de esos gratos momentos de estudio, de lectura, de escribir y volverse
famosos por sus publicaciones en la revista “Letras Poderosas”, fue creciendo
su amistad. Eran amigos inseparables. Inclusive, eran compañeros en las fiestas
y en las reuniones que se planeaban algunos viernes en las cantinas.
Treinta
años después, el señor Ricardo Al Pie de la Nota, era el periodista con mayor
credibilidad y audiencia en radio y televisión a nivel nacional. Inclusive,
ganó el premio nacional de periodismo, además de haber obtenido el tan afamado
premio Pulitzer, por sus grandes reportajes sobre el enriquecimiento ilícito de
gobernantes a nivel nacional e internacional. En sus noticieros siempre había
denunciado la corrupción galopante que hacía que los países de América Latina
no prosperaran y se mantuvieran en la pobreza e ignorancia. De hecho, en su
tesis de doctorado, su hipótesis consistía en señalar que los países eran
pobres porque siempre, desde el poder público, se beneficiaba a un grupo
pequeño de interés en detrimento de la gran mayoría de la población que quedaba
marginada. Y se podía comprobar con tantas licitaciones ganadas con grupos
empresariales cercanos a los secretarios de estado, a los gobernadores, a la
presidencia, en fin, a cualquier cargo público.
Mientras
tanto, Rubén Torcido del Todo, cumplió su sueño de llegar a gobernar la entidad
que lo vio nacer, en donde creció, en donde disfrutó su infancia, el lugar que
le dio la oportunidad de contar con una educación universitaria a nivel
posgrado. Era una gran ocasión de servir a la población de la entidad
federativa que tanto le brindó a él, como a su familia.
La
amistad de ambos, por supuesto que se mantenía intachable. Se frecuentaban por
lo menos una vez a la semana. Con cierta regularidad, el periodista Al Pie de
la Nota entrevistaba en vivo al gobernador Torcido del Todo, para que éste
luciera con bombo y platillo los programas de combate a la pobreza, pero sobre
todo, la transparencia en el uso de los recursos públicos. Había sido el primer
gobernador en transparentar las licitaciones en la página de internet oficial
del gobierno, así como todo el presupuesto aprobado y ejercido. Sin duda alguna,
ascendía como la espuma en las encuestas de popularidad. De seguir así, Rubén
Torcido del Todo, posiblemente sería el próximo presidente de la república.
Un
día, una reportera quien realizaba su servicio social en la estación de radio
cuyo principal conductor era Ricardo Al Pie de la Nota, mostró las pruebas y
evidencias que señalaban que el gobernador Rubén Torcido del Todo extorsionaba a
los vendedores ambulantes, solicitándoles grandes cantidades de dinero a diario
para poder mantener sus puestos. Otro reportero, también en servicio social, documentó
la red de complicidades con lenones y proxenetas que controlaban la
prostitución en los barrios bajos de la entidad federativa que gobernaba.
- Esto no puede ser- se dijo para sí mismo Ricardo.
Exigió
a su equipo de investigaciones especiales indagar sobre estos hechos. Después
de algunas semanas, los resultados eran contundentes: el gobernador Rubén
Torcido del Todo era un corrupto, socio de los principales narcotraficantes al
menudeo de la entidad federativa. Era un profesional en el lavado de dinero,
con una enorme cantidad de empresas fachada que se habían constituido para
ocultar los recursos de procedencia ilícita. Todo el mundo lo sabía, menos el
periodista con mayor credibilidad.
- Están todos despedidos, por mentirosos- dijo el señor Al Pie de la Nota.
- Con todo respeto, señor- le dijo el jefe de redacción- sabemos de su amistad con el señor gobernador, pero las pruebas son contundentes.
- Que se larguen todos de aquí- repitió el periodista.
Y
así, después de una semana sin dormir, el gran periodista, con mucho prestigio,
con todos los honores y premios en el medio periodístico nacional e internacional,
se debatía al interior de su mente.
¿Daba a conocer la noticia o no? ¿Qué
era más importante para él, la credibilidad de un periodista que acumuló a
través de los años o la lealtad de un amigo con quien creció y formó carrera
paralelamente?
¿Credibilidad
o lealtad? Repetía en su soliloquio todas las noches largas, sin conciliar el
sueño. ¡Qué ignominia!
El
problema persistirá siempre, mientras los periodistas sean amigos de los gobernantes.
Por eso, muchas veces se oculta la verdad.
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