jueves, 16 de julio de 2015

SOCIEDAD PREJUICIOSA


Reunidas, como todas las tardes de los jueves, las dos señoras de clase media se habían citado para degustar su café y su habitual postre en un "Sanborn´s". Tenían como propósito ponerse al tanto del acontecer diario de sus amigas que no habían sido convocadas a la tertulia. La distracción preferida de mucha gente es hablar mal de quien no está presente, es inventar chisme, por eso en México se venden más revistas de la vida de los artistas que periódicos, ya ni se diga de libros. Por tal motivo, cuídense de quienes no tienen nada que hacer, porque se ocuparán en descomponer y arreglar la vida ajena, como si la propia fuera perfecta.

Al cabo de media hora de intercambio de anécdotas ajenas y de criticar el atuendo de la primera dama, hecho con las cortinas de quien sabe que tugurio, que utilizó en la visita a México de su majestad, el rey de España Felipe VI, las dos señoras se percataron que en la mesa de al lado había una pareja de treintañeros, en donde él escribía en una computadora con un celular a lado, mientras que su acompañante ponía cara de aburrimiento, como si hubiera transcurrido un siglo, como quien ha esperado que los Estados Unidos nos devuelvan Texas.

  • Ya viste a esa pareja -dijo la señora Chismolina, la que más suele entrometerse en asuntos que no le incumben.
  • Sí, desde hace rato él la ignora, con lo bella que es su mujer -contestó la señora Entrometida del Todo.
  • De seguro está viendo pornografía. Porque has de saber amiga, que cada vez la gente es más indecente, no tienen perdón de Dios, inventan cada cosa para salirse de su realidad. Viven en una insatisfacción sexual que da miedo. ¡Qué escándalo, por Dios! ¡Esta concupiscencia nuestra de cada día!
  • Esta perniciosa tecnología, lo único que ha logrado es que la gente deje de conversar, de dialogar, de intercambiar ideas. La juventud de ahora tiene ese nuevo vicio, de estar viendo a cada instante sus redes sociales. Prefieren comunicarse vía Twitter con desconocidos que el intercambio de una sonrisa con sus más allegados. Y publican sus viajes en Facebook, para causar la envidia de su círculo de seguidores. Por eso les abren sus casas y se las vacían. Ellos, sólo ellos son los culpables.
  • Pero mírala amiga, pobre mujer, tan apacible que se ve, está aburridísima, y al canalla ese ni le importa. Y más sonríe el desgraciado, obsérvalo.
  • Sí querida, te apuesto que ha de estar mandándose mensajes con su amante, porque no hay hombre que no tenga una. Todos los hombres son iguales, mientras que nosotras las mujeres nos debemos, entregamos y vivimos toda la vida para un solo hombre.
  • Si yo fuera ella, ya me hubiera largado. Pero a esta sociedad la falta de caballerosidad le acompaña la falta de dignidad. Pobre estúpida, segurito le ha de pegar. Una mujer maltratada más.
  • Ya ni corajes hagas, que no nos amarguen la tarde estos jóvenes, que han hecho una bazofia de nuestra sociedad.



Mientras tanto, la pareja de jóvenes conversaban.

  • Por fin, amor. Ya pude hacer las citas por internet para obtener nuestras visas de los Estados Unidos y así cumplir nuestro sueño de conocer Nueva York en otoño.
  • Pues fue más rápido de lo que esperaba, mi cielo. La comadre Sabia de la Cabeza se demoró como tres horas en programar su cita. Y que luego fue a un lugar a tomarse la foto y volvió otro día a la entrevista al consulado.
  • Ja, ja, ja, pues como yo tenía todos nuestros datos en el celular me fue más fácil la captura de la información. Todo es asequible con el uso de la tecnología. Además, logré que las dos citas, tanto para tomarnos la foto y huellas dactilares, así como la entrevista con el cónsul fueran el mismo día.
  • Mmmm, por eso te amo, porque eres un genio en el uso del internet.
  • ¡Cuídeme! Por eso cuídeme, amor. Por cierto, me dio pena contigo, mi cielo. Te noté muy aburrida.
  • Pues sí, amor. Pero se me olvidó el libro que estoy leyendo.
  • Te hubieras comprado una revista u otro libro, aquí en "Sanborn´s" venden muchos.
  • ¡Ay, amor!, sabes que no me gusta comenzar a leer un libro hasta que termine el que estoy disfrutando.
  • Por cierto, mi cielo, ¿conoces a esas dos señoras que están en aquella mesa a tu izquierda?
  • ¿Quiénes?
  • Aquellas gordas sesentonas. Demuestran una hilaridad profunda.
  • No, amor, ¿por qué?
  • Desde hace rato nos echan unas miradas de odio.
  • No te preocupes, amor, a la mejor conocen a tu gemelo.
  • Sí, probablemente. Nos vamos, linda. Ojalá ya haya llegado la luz en la casa.

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