viernes, 3 de julio de 2015

QUÉDENSE JODIDOS

 

Desde pequeño he tenido la habilidad para negociar. Siempre he pensado que en una transacción, sea económica, financiera o de cualquier tipo, las partes involucradas deben obtener los mismos beneficios. Por eso aprendí que quien compra un producto en una tienda debe agradecer, pero también el vendedor debe hacerlo. Si yo compro una botella de agua para saciar mi sed, me veo beneficiado por ello, y el dueño o administrador del establecimiento que me vendió el agua se ve beneficiado porque obtiene una utilidad. En pocas palabras, en economía, todos ganan, todos ganamos, todos debemos vernos favorecidos. Sin embargo, por ignorancia, por prejuicios, por estupidez humana, esto no siempre sucede así.

Una de las formas de ayudar al prójimo, al hermano caído en desgracia de cualquier tipo, pero en este relato me refiero a la desgracia económica, es precisamente darle la oportunidad de que salga adelante por sus propios medios, apoyándolo a conseguir empleo, en que venda sus productos, en capacitarlo, en fin, a motivarlo a obtener el sustento diario.

Fue así, que hace dos años emprendí un negocio en el municipio de Zongolica en el estado de Veracruz, lugar con una marginación galopante, en donde prácticamente toda la población vivía en la pobreza extrema. Pero eso sí, la fiesta, la pachanga eran de cada semana. Las mayordomías eran los grandes privilegios de los indígenas de la zona, se sentían hijos predilectos de Dios, según ellos así pagarían la serie de pecados terrenales teniendo acceso directo al paraíso, sin tener que dirigirle la palabra a San Pedro.

Puse una comercializadora de productos regionales, que los propios lugareños elaboraban, pero no tenían forma de ofrecerlos a los posibles compradores. Zongolica es un lugar situado en la sierra madre oriental en el centro del estado de Veracruz, como a 50 kilómetros al sur de Orizaba. Como es un lugar donde prácticamente todo el año llueve, hay ríos, el clima es selvático, por lo que es atractivo para el ecoturismo. Sin embargo, los víveres había que adquirirlos en Orizaba o Córdoba, que el tiempo de traslado era de entre dos o tres horas, a pesar de los pocos kilómetros que los separaban.

Pues necesitaba empleados, gente que me ayudara a recibir la mercancía, a ordenarla en los anaqueles, a despachar a los clientes, en fin, había que brindar empleo a una comunidad tan pobre, era una forma de ayudar a un lugar, aparentemente olvidado por Dios. Así que puse un letrero en donde solicitaba a tres ayudantes.

Después de diez días, se me acercó una persona.

  • Disculpe patrón, ¿cuánto paga por el empleo?
  • Siete mil pesos mensuales por trabajar ocho horas, con todas las prestaciones de la ley- le contesté.
  • Tan poquito- me reclamó.
  • Oiga, en la capital un contador con título universitario al terminar su carrera obtiene un sueldo de cinco mil pesos, trabajando doce horas diarias- le inquirí.
  • Pues allá en la capital son re mensos- me dijo, agregando lo siguiente.
  • A mí el gobierno federal me paga $2,500 pesos bimestrales por cada uno de mis cuatro hijos, más los apoyos del gobierno estatal por estar en una zona marginada, más el PRI que nos apoya con despensa, pues saco más con eso sin trabajar, que sus mugrosos siete mil pesos. Indio, indio, pero no pendejo para trabajar por mugrientos siete mil pesos. Haciendo nada gano más. Que trabajen los burros.



En fin, este país de dádivas, en donde al gobierno le conviene tener marginada a la población, en la pobreza y en la ignorancia, para poderlos manipular a su antojo. Es un círculo vicioso, en donde veo muy difícil salir. El patriarca gobierno obtiene votos de los miserables a cambio de administrarles su comida. Estos pobres desnalgados votan por ellos en las elecciones porque ven por sus intereses y los ayudan dándoles de comer, dándoles sus centavitos, que inmediatamente se gastan en los congales con las putas.

Después de un mes de no conseguir a nadie que me ayudara, me atreví a anunciar los empleos que ofrecía en el periódico regional. Asistieron inmediatamente como quince personas de Orizaba y de Córdoba, aunque prácticamente en la misma zona, no se consideraban de alta marginación, por lo que no llegaban los apoyos gubernamentales. Contraté a tres jóvenes, fuertes, estudiantes y con ganas de salir adelante. Sus traslados eran de entre hora y media y dos horas, pero necesitaban con fervor salir de la pobreza, era necesario esos ingresos.

El negocio fue creciendo, en virtud de que vendíamos los productos necesarios para los turistas que pasaban por el pueblo, además de ser un lugar que comunica a varias poblaciones de la sierra, lugar de paso obligado. Vendíamos desde agua purificada, hasta cuerdas, poleas, utensilios para campamentos, artículos para la despensa. También, debo decir, gran parte de los ingresos de la población de Zongolica iba a parar a mi negocio, ya que cuando sus habitantes recibían los apoyos gubernamentales, se lo gastaban en botellas de tequila, ron y cerveza, ni siquiera les servía para una sana alimentación. Yo les vendía lo que ellos demandaban, aunque los persuadía de no hacerlo. Siempre, en forma violenta me decían:

  • A ti qué te importa maldito burgués, estoy pagando, ¿qué no?



Y así, con mucho trabajo, con muchas ventas, les ofrecí a mis tres empleados que trabajaran tres horas más diarias, a cambio de hospedaje de lunes a viernes, así como los tres alimentos por mi cuenta. Poco a poco, el negocio creció y llegué a tener cinco empleados, con un sueldo de nueve mil pesos, hospedaje y alimentación diaria.

Debido a la prosperidad que el negocio me había dado, comenzaron las envidias. Que yo era un maldito capitalista, que me beneficiaba de la necesidad de la gente, que servía al demonio, que nunca me veían en misa, en fin. Siempre hay que tener cuidado de la gente que no tiene nada que hacer, porque estarán ocupados en inventar chismes.

En lascampañas electorales, los candidatos a la presidencia municipal prometían a los lugareños que no permitirían la desigualdad.

  • Compañeros, este país está jodido, porque mientras algunos se enriquecen con sus negocios, otros, como ustedes, viven en la miseria, sin oportunidad de trabajo, sin oportunidad de una educación digna. Que mueran aquellos que han hecho de los hombres esclavos de los hombres.



Otro ignorante y demagogo candidato comentó a la concurrencia.

  • En Zongolica, queremos igualdad, no permitiremos que nadie progrese a cambio de la miseria de los indígenas. Estamos hartos de que los hombre blancos y barbados nos sigan saqueando.



Y así fue, como en una noche incendiaron mi negocio, porque mi trabajo arduo, mi preparación, mi inversión, el riesgo que asumí, mi visión de negocio me dio para incrementar mi patrimonio, mientras que los lugareños no quisieron trabajar, estando aún a expensas de los apoyos del gobierno. Y por supuesto, en un país de ignorancia y prejuicios, quien triunfa debe ser llevado a las galeras del averno.

En fin, quédense jodidos, bola de holgazanes.

 

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