martes, 4 de agosto de 2015

LA AMBICIÓN COMO TESTIGO


Se aproximaba la hora de la salida en la empresa donde trabajaban dos bellas jóvenes de unos veintidós años de edad. Era viernes, fin de mes, día de pago. Cada una de ellas había recibido vía transferencia electrónica su sueldo devengado. Esa noche la pasarían ambas en un Bar-Lounge de Bosques de las Lomas, una de las colonias más exclusivas de gente adinerada de la Ciudad de México. Su intención, pasársela bien ese fin de semana, procurando no gastar ni un solo peso. Mucho mejor si se ligasen a un par de jóvenes ricos que las sacaran de trabajar.

             ̶  Oye, Vero, ¿Me veo bien con esta minifalda? ¿No estará muy corta, amiga?

            ̶  Claro que no, Mony. Para eso vamos al gimnasio, ¿o no, amiga?

            ̶  Ja, ja, ja, para ver cómo a todos los idiotas se les cae la baba al vernos las piernas.

         ̶  ¿Qué tal mi escote? ̶  le preguntó Mony a Vero.

         ̶  Está para que ligues, amiga. ¡Te ves buenísima!

         ̶  ¿Tú crees? ¿En serio?

         ̶  Sí, vanidosita. Vámonos, que se nos hace tarde.

Alrededor de las 10 de la noche, ya instaladas en el Bar-Lounge, ambas tomaban sus cocteles. Mony degustaba un Martini Manhattan, mientras que Vero pidió un Martini Cosmo, especialidad del Bar.

El lugar era el preferido de los hedonistas de la capital. Era el lugar de moda. Quien realmente pertenecía a la clase alta, era un visitante asiduo del lugar. Asistía gente de todas las edades.

Cerca de donde se encontraban Mony y Vero, había un par de jóvenes apuestos, de buena vestimenta, bien parecidos, quienes iban con la finalidad de ligar. Ya se habían percatado que las chicas se encontraban solas y que pasaba el tiempo y nadie se les había acercado. Ellas, por su parte, ya iban en su tercera copa, por lo que la cuenta se incrementaba considerablemente, pero lo mejor, ya el alcohol estaba haciendo mella en sus cerebros.

Era hora de aproximarse a ellas. Demostrar la labia.

           ̶  Hola ̶ dijo Luis. ¿Por qué tan solas, preciosas? ¿Podemos acompañarlas?

Sin dejarlas responder, con el asombro de ellas, Iván dijo, tronando lo dedos.

          ̶ Mesero, tráiganos lo mismo que están tomando ellas. Para estas hermosuras también, sírvales otra copa igual.

            ̶  Oye, amigo mesero ̶ continuó Iván. Deseamos un platillo de botanas surtidas, con jamón serrano, salami, anchoas, salmón y queso camembert. Esto para empezar, es para picar, estas princesitas tienen hambre, ¿verdad, bonitas?

Sin dejarlas hablar, el otro amigo intervino.

          ̶  Perdón, soy un descortés, ni siquiera me he presentado, mi nombre es Luis, soy el dueño de la cadena de tiendas Martínez. Luis Martínez a sus órdenes.

Las dos al mismo tiempo dijeron:

          ̶  ¿Te apellidas Martínez?

         ̶  Sí ̶ dijo Luis. ¿Qué tiene de malo? ¿Ustedes son de las que miden a las personas por sus apellidos? A ver, princesas, ¿a poco ustedes poseen apellidos de abolengo?

         ̶  No precisamente ̶ contestó Mony. Mi apellido es Duvost. Soy Mónica Duvost. Encantada de conocerlos.

         ̶   Yo soy Verónica Courtois. Un placer.

         ̶  Me presento ̶ dijo Iván. Mi nombre es Iván Hernández, humilde y seguro servidor de este par de hermosuras que me complace enormemente conocer en esta encantadora noche de luna azul. Soy el Director General de la cadena de tiendas Martínez.

Pasó el tiempo, fue una plática agradable, con buena música de fondo. Transcurridas más de tres horas, llegó el momento de retirarse.

          ̶  Todo un placer haberlas conocido, bonitas ̶  dijo Luis.

         ̶  Por supuesto ̶ intervino Iván. Fue una velada divina, inolvidable. Gracias por habernos acompañado, princesitas angelicales.

Después de haber dicho eso, le entregó a cada una su tarjeta de presentación. Luis hizo lo mismo.

Al leerlas, se percataron que efectivamente correspondían al socio mayoritario y al Director General de las tiendas Martínez.

Verónica fisgoneaba en su bolso, a ver si encontraba sus tarjetas de presentación.

          ̶  ¡Ay! ¿dónde las dejé? ̶  decía.

         ̶  No te preocupes ̶ dijo Luis. Dame tu número de celular. Te marco y así registras el mío.

         ̶  Buena idea ̶ comentó Vero. Márcame, Luis, así registro tu número de celular.

         ̶  Por cierto, el próximo mes vamos a inaugurar nuestra primera tienda en España ̶ les comentó Luis. Seríamos muy afortunados si hicieran el honor de acompañarnos, preciosas. Por supuesto, con todos los gastos pagados.

         ̶  ¿Qué opinan? ̶  preguntó Iván.    

         ̶  Lo vamos a pensar, ¿verdad amiga? ̶  respondió Vero. Pero para mí, la idea es genial, aunque tenemos que revisar la agenda de trabajo.

         ̶  Bueno, esperaremos su respuesta ̶ comentó Iván. Sin prisa, piénsenlo bien, la pasaremos de lujo.

̶  Por cierto, ¿tienen cómo irse a sus casas? ̶  preguntó Luis.

         ̶  No se preocupen ̶  contestó Mony. Tomaremos un taxi, de aquí del Bar-Lounge. Total, vivimos aquí cerca, en las Lomas de Chapultepec.

         ̶  Si gustan podemos llevarlas ̶  comentó Iván. Vamos para Polanco.

         ̶  Mmm, es que ya pedimos el taxi y se nos hace mala onda ̶ señaló Vero.

         ̶  De acuerdo, no hay problema ̶  dijo Iván.

Se despidieron, las chicas abordaron el taxi y Luis hizo una seña con su mano para que se aproximara uno de sus empleados, quien la hacía de guardaespaldas. Luis le ordenó que las siguiera discretamente para informarle en dónde vivían.

Mientras tanto, ellas dentro del taxi platicaban.

          ̶  ¿Qué te parecieron estos tipos? ̶ preguntó Vero.

         ̶  Están guapísimos. Además, tienen mucho dinero. ¿Viste lo que pagaron de cuenta?

         ̶  Sí, amiga. Y son muy decentes y caballeros. Con dos copas, muchos de los muchachos que se nos acercan ya quieren llevarnos al hotel, ja, ja, ja.

         ̶  Pues te juro que si estos cuates lo hubieran insinuado, yo les hubiera dicho que sí, sin pensarlo.

         ̶  Yo igual, amiga. Ya me sentía bien cachonda.

         ̶  Pues nos hemos ligado a unos tipos que ahora sí valían la pena. Adiós pobreza, adiós miseria.

         ̶  Sí, amiga. Adiós al trabajo de recepcionista. Todo el día contestando llamadas.

         ̶  Ja, ja, ja, ¡sí! Adiós al sueldo miserable.

Llegó el guardaespaldas de Luis, diciéndole que las había seguido y que de ninguna manera vivían en las Lomas de Chapultepec. Vivían en un edificio viejo cerca de Tacubaya.

          ̶  Perfecto ̶ dijo Luis. Este es el tipo de chicas que nos gusta ligar.

Y así pasaron varios fines de semana, en donde se habían visto los cuatro para ir a comer a buenos restaurantes de la zona de Polanco, las Lomas, Santa Fe. También habían ido a un casino, en donde jugaban con las maquinitas tragamonedas y blackjack.

          ̶  Oigan, preciosas ̶  interrumpió Iván.

Y tomó de su saco cuatro boletos de avión.

          ̶  El próximo viernes salimos para España.

         ̶  ¡Sí! ̶ dijo Luis todo emocionado. Son boletos de primera clase para irnos los cuatro a Madrid. Inauguraremos nuestra primera tienda Martínez.

         ̶  ¡A ver! ̶  dijo Vero. ¡Son reales, son reales!

         ̶  ¡Eh! ̶ comentó Mony. ¡Hostias! Nos vamos a España, ¡qué alegría!

Y así, transcurrieron las horas, los días. Quedaron de verse el siguiente sábado en el aeropuerto.

Las dos bellas jóvenes estaban nerviosas, estaban llenas de júbilo, porque por fin se les hacía realidad su sueño de visitar Europa.

Pasaron treinta minutos, Luis e Iván no llegaban. Por fin, a lo lejos, se veía a Iván, corriendo un poco agitado.

          ̶  Hola, perdón por la demora. Es que llegaron las autoridades de salud a practicar una auditoría a unas de nuestras tiendas. Luis, como dueño y socio que es, tiene que atender a las autoridades. Yo, como Director General y representante legal, también tengo que estar presente.

         ̶  ¿Se cancela el viaje? ̶  preguntó angustiada Mony.

         ̶  No, preciosa. Claro que no. Ustedes tienen sus lugares reservados en primera clase. Allá, en el aeropuerto de Madrid, las esperará Venancio Sánchez, quien las llevará al hotel Adler, de los mejores de la capital española. No se preocupen por nada, nosotros las alcanzaremos el próximo martes.

         ̶  ¿Y cómo reconoceremos al tal Venancio ese? ̶  inquirió Vero.

         ̶  No se angustien. Él tendrá un letrero con sus nombres. Estará en el pasillo de salida.

         ̶  ¡Ok, perfecto! Allá nos vemos, que todo salga bien en la auditoría ̶  comentó Mony.

         ̶  No se fijen tanto por eso, son revisiones de rutina. De alguna forma deben de justificar el por qué hay tantos burócratas, ¿no creen? Por cierto, ¿les puedo pedir un favor?

         ̶  Por supuesto ̶ dijo Mony. Faltaba más.

         ̶  Gracias. Entréguenle esta pequeña maleta a Venancio. Son documentos muy importantes los que vienen en ella. Son papeles sobre estudios de mercado para abrir más tiendas en toda España. Por eso deben documentarla. Cuando localicen a Venancio, le entregan la maleta y él las llevará al hotel.

         ̶  De acuerdo ̶ comentó Mony. ¡Ay! Los vamos a extrañar mucho. Cuídense, ¿Sí?

         ̶  Tranquila, linda. El martes nos veremos. Buen viaje.

Se despidieron de la manera más amable, con mucho cariño, como si fueran amigos de toda la vida.

Llegando al aeropuerto de Madrid, las guapas jóvenes pasaron las revisiones de rutina. Migración y aduana. Cuando pasaron por el área metálica de revisión de equipaje, un trabajador llamó por la radio. Inmediatamente llegaron seis policías, perfectamente armados. Uno de ellos dijo, dirigiéndose a Mony y a Vero.

          ̶  ¿Es de ustedes esta maleta?

         ̶  Sí ̶  contestó Mony.

         ̶  ¿Me pueden indicar qué traen en ella?

         ̶  Documentos, estudios de mercado, planos ̶ dijo Vero.

         ̶ Resulta que no, jovencitas. Esta maleta contiene sobres de cocaína. Quedan arrestadas.

 

 

 

 

 

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