viernes, 24 de julio de 2015

EL PERIODISTA Y EL GOBERNADOR


Desde que era niño, Ricardo Al Pie de la Nota, veía que todos los días su papá leía con ahínco los periódicos de circulación nacional. Su padre le comentaba que era de suma importancia estar enterado del acontecer nacional e internacional, ya que la información es poder. Esas palabras nunca las olvidó, por tal motivo, de joven decidió estudiar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación.

Rubén Torcido del Todo, desde que entró a la escuela secundaria era un asiduo lector de biografías de hombres de poder. Leyó completos los libros que describían las hazañas y discursos de Napoleón Bonaparte, Winston Churchill, Charles De Gaulle, Adolfo Hitler, Lósif Stalin, incluso, hasta del innombrable, del señor Carlos Salinas. Desde la adolescencia tenía el don de mando, era el líder indiscutible en su salón de clase. Estaba decidido a estudiar alguna carrera relacionada con la política, estaba obsesionado con el poder. Quería emular a sus héroes de la adolescencia que había conocido a través de los libros, por ello, decidió estudiar la licenciatura en Ciencias Políticas.

Por azares del destino, estos dos jóvenes lectores con metas relacionadas al poder, se conocieron en el tronco común de las carreras universitarias que habían elegido. Estudiaron juntos durante cuatro semestres. Intercambiaron lecturas, ensayos, libros, artículos, etcétera. Todo aquello relacionado con el poder, aunque a uno de ellos le interesaba el poder de la información, mientras que al otro le interesaba el poder de un cargo público. Su interés por este tema los llevó a editar en forma semanal la revista universitaria “Letras Poderosas”, en donde plasmaban frases de grandes estadistas, así como notas periodísticas de gran relevancia para la juventud de entonces, miembros de la comunidad académica.

Frases como, “El poder absoluto, corrompe absolutamente” y “Con el poder absoluto, hasta a un burro le resulta fácil gobernar”, de Lord Acton, hacían que los estudiantes esperaran con ansia la publicación semanal de dicha revista. Aunque la frase preferida del joven Torcido del Todo era “El primer arte que deben aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio”, de Séneca. Quizá por esta frase, que ponía en práctica, se volvió arrogante y engreído.

Mientras que al joven Al Pie de la Nota le gustaban las frases tales como, “El periodismo es una maravillosa escuela de vida”, de Alejo Carpentier; “El periodismo es libre o es una farsa”, de Rodolf Walsh; “Estoy muy interesado en el progreso y avance del periodismo, después de haber dejado parte de mi vida en esa profesión, la recuerdo como una noble profesión de inigualable importancia por su influencia” de Joseph Pulitzer. Los estudiantes y profesores leían con fruición dicha revista semanal.

A partir de esos gratos momentos de estudio, de lectura, de escribir y volverse famosos por sus publicaciones en la revista “Letras Poderosas”, fue creciendo su amistad. Eran amigos inseparables. Inclusive, eran compañeros en las fiestas y en las reuniones que se planeaban algunos viernes en las cantinas.

 

Treinta años después, el señor Ricardo Al Pie de la Nota, era el periodista con mayor credibilidad y audiencia en radio y televisión a nivel nacional. Inclusive, ganó el premio nacional de periodismo, además de haber obtenido el tan afamado premio Pulitzer, por sus grandes reportajes sobre el enriquecimiento ilícito de gobernantes a nivel nacional e internacional. En sus noticieros siempre había denunciado la corrupción galopante que hacía que los países de América Latina no prosperaran y se mantuvieran en la pobreza e ignorancia. De hecho, en su tesis de doctorado, su hipótesis consistía en señalar que los países eran pobres porque siempre, desde el poder público, se beneficiaba a un grupo pequeño de interés en detrimento de la gran mayoría de la población que quedaba marginada. Y se podía comprobar con tantas licitaciones ganadas con grupos empresariales cercanos a los secretarios de estado, a los gobernadores, a la presidencia, en fin, a cualquier cargo público.

Mientras tanto, Rubén Torcido del Todo, cumplió su sueño de llegar a gobernar la entidad que lo vio nacer, en donde creció, en donde disfrutó su infancia, el lugar que le dio la oportunidad de contar con una educación universitaria a nivel posgrado. Era una gran ocasión de servir a la población de la entidad federativa que tanto le brindó a él, como a su familia.

La amistad de ambos, por supuesto que se mantenía intachable. Se frecuentaban por lo menos una vez a la semana. Con cierta regularidad, el periodista Al Pie de la Nota entrevistaba en vivo al gobernador Torcido del Todo, para que éste luciera con bombo y platillo los programas de combate a la pobreza, pero sobre todo, la transparencia en el uso de los recursos públicos. Había sido el primer gobernador en transparentar las licitaciones en la página de internet oficial del gobierno, así como todo el presupuesto aprobado y ejercido. Sin duda alguna, ascendía como la espuma en las encuestas de popularidad. De seguir así, Rubén Torcido del Todo, posiblemente sería el próximo presidente de la república.

Un día, una reportera quien realizaba su servicio social en la estación de radio cuyo principal conductor era Ricardo Al Pie de la Nota, mostró las pruebas y evidencias que señalaban que el gobernador Rubén Torcido del Todo extorsionaba a los vendedores ambulantes, solicitándoles grandes cantidades de dinero a diario para poder mantener sus puestos. Otro reportero, también en servicio social, documentó la red de complicidades con lenones y proxenetas que controlaban la prostitución en los barrios bajos de la entidad federativa que gobernaba.

  • Esto no puede ser- se dijo para sí mismo Ricardo.

Exigió a su equipo de investigaciones especiales indagar sobre estos hechos. Después de algunas semanas, los resultados eran contundentes: el gobernador Rubén Torcido del Todo era un corrupto, socio de los principales narcotraficantes al menudeo de la entidad federativa. Era un profesional en el lavado de dinero, con una enorme cantidad de empresas fachada que se habían constituido para ocultar los recursos de procedencia ilícita. Todo el mundo lo sabía, menos el periodista con mayor credibilidad.

  • Están todos despedidos, por mentirosos- dijo el señor Al Pie de la Nota.
  • Con todo respeto, señor- le dijo el jefe de redacción- sabemos de su amistad con el señor gobernador, pero las pruebas son contundentes.
  • Que se larguen todos de aquí- repitió el periodista.

Y así, después de una semana sin dormir, el gran periodista, con mucho prestigio, con todos los honores y premios en el medio periodístico nacional e internacional, se debatía al interior de su mente.

¿Daba a conocer la noticia o no? ¿Qué era más importante para él, la credibilidad de un periodista que acumuló a través de los años o la lealtad de un amigo con quien creció y formó carrera paralelamente?

¿Credibilidad o lealtad? Repetía en su soliloquio todas las noches largas, sin conciliar el sueño. ¡Qué ignominia!

El problema persistirá siempre, mientras los periodistas sean amigos de los gobernantes. Por eso, muchas veces se oculta la verdad.

jueves, 16 de julio de 2015

SOCIEDAD PREJUICIOSA


Reunidas, como todas las tardes de los jueves, las dos señoras de clase media se habían citado para degustar su café y su habitual postre en un "Sanborn´s". Tenían como propósito ponerse al tanto del acontecer diario de sus amigas que no habían sido convocadas a la tertulia. La distracción preferida de mucha gente es hablar mal de quien no está presente, es inventar chisme, por eso en México se venden más revistas de la vida de los artistas que periódicos, ya ni se diga de libros. Por tal motivo, cuídense de quienes no tienen nada que hacer, porque se ocuparán en descomponer y arreglar la vida ajena, como si la propia fuera perfecta.

Al cabo de media hora de intercambio de anécdotas ajenas y de criticar el atuendo de la primera dama, hecho con las cortinas de quien sabe que tugurio, que utilizó en la visita a México de su majestad, el rey de España Felipe VI, las dos señoras se percataron que en la mesa de al lado había una pareja de treintañeros, en donde él escribía en una computadora con un celular a lado, mientras que su acompañante ponía cara de aburrimiento, como si hubiera transcurrido un siglo, como quien ha esperado que los Estados Unidos nos devuelvan Texas.

  • Ya viste a esa pareja -dijo la señora Chismolina, la que más suele entrometerse en asuntos que no le incumben.
  • Sí, desde hace rato él la ignora, con lo bella que es su mujer -contestó la señora Entrometida del Todo.
  • De seguro está viendo pornografía. Porque has de saber amiga, que cada vez la gente es más indecente, no tienen perdón de Dios, inventan cada cosa para salirse de su realidad. Viven en una insatisfacción sexual que da miedo. ¡Qué escándalo, por Dios! ¡Esta concupiscencia nuestra de cada día!
  • Esta perniciosa tecnología, lo único que ha logrado es que la gente deje de conversar, de dialogar, de intercambiar ideas. La juventud de ahora tiene ese nuevo vicio, de estar viendo a cada instante sus redes sociales. Prefieren comunicarse vía Twitter con desconocidos que el intercambio de una sonrisa con sus más allegados. Y publican sus viajes en Facebook, para causar la envidia de su círculo de seguidores. Por eso les abren sus casas y se las vacían. Ellos, sólo ellos son los culpables.
  • Pero mírala amiga, pobre mujer, tan apacible que se ve, está aburridísima, y al canalla ese ni le importa. Y más sonríe el desgraciado, obsérvalo.
  • Sí querida, te apuesto que ha de estar mandándose mensajes con su amante, porque no hay hombre que no tenga una. Todos los hombres son iguales, mientras que nosotras las mujeres nos debemos, entregamos y vivimos toda la vida para un solo hombre.
  • Si yo fuera ella, ya me hubiera largado. Pero a esta sociedad la falta de caballerosidad le acompaña la falta de dignidad. Pobre estúpida, segurito le ha de pegar. Una mujer maltratada más.
  • Ya ni corajes hagas, que no nos amarguen la tarde estos jóvenes, que han hecho una bazofia de nuestra sociedad.



Mientras tanto, la pareja de jóvenes conversaban.

  • Por fin, amor. Ya pude hacer las citas por internet para obtener nuestras visas de los Estados Unidos y así cumplir nuestro sueño de conocer Nueva York en otoño.
  • Pues fue más rápido de lo que esperaba, mi cielo. La comadre Sabia de la Cabeza se demoró como tres horas en programar su cita. Y que luego fue a un lugar a tomarse la foto y volvió otro día a la entrevista al consulado.
  • Ja, ja, ja, pues como yo tenía todos nuestros datos en el celular me fue más fácil la captura de la información. Todo es asequible con el uso de la tecnología. Además, logré que las dos citas, tanto para tomarnos la foto y huellas dactilares, así como la entrevista con el cónsul fueran el mismo día.
  • Mmmm, por eso te amo, porque eres un genio en el uso del internet.
  • ¡Cuídeme! Por eso cuídeme, amor. Por cierto, me dio pena contigo, mi cielo. Te noté muy aburrida.
  • Pues sí, amor. Pero se me olvidó el libro que estoy leyendo.
  • Te hubieras comprado una revista u otro libro, aquí en "Sanborn´s" venden muchos.
  • ¡Ay, amor!, sabes que no me gusta comenzar a leer un libro hasta que termine el que estoy disfrutando.
  • Por cierto, mi cielo, ¿conoces a esas dos señoras que están en aquella mesa a tu izquierda?
  • ¿Quiénes?
  • Aquellas gordas sesentonas. Demuestran una hilaridad profunda.
  • No, amor, ¿por qué?
  • Desde hace rato nos echan unas miradas de odio.
  • No te preocupes, amor, a la mejor conocen a tu gemelo.
  • Sí, probablemente. Nos vamos, linda. Ojalá ya haya llegado la luz en la casa.

viernes, 3 de julio de 2015

QUÉDENSE JODIDOS

 

Desde pequeño he tenido la habilidad para negociar. Siempre he pensado que en una transacción, sea económica, financiera o de cualquier tipo, las partes involucradas deben obtener los mismos beneficios. Por eso aprendí que quien compra un producto en una tienda debe agradecer, pero también el vendedor debe hacerlo. Si yo compro una botella de agua para saciar mi sed, me veo beneficiado por ello, y el dueño o administrador del establecimiento que me vendió el agua se ve beneficiado porque obtiene una utilidad. En pocas palabras, en economía, todos ganan, todos ganamos, todos debemos vernos favorecidos. Sin embargo, por ignorancia, por prejuicios, por estupidez humana, esto no siempre sucede así.

Una de las formas de ayudar al prójimo, al hermano caído en desgracia de cualquier tipo, pero en este relato me refiero a la desgracia económica, es precisamente darle la oportunidad de que salga adelante por sus propios medios, apoyándolo a conseguir empleo, en que venda sus productos, en capacitarlo, en fin, a motivarlo a obtener el sustento diario.

Fue así, que hace dos años emprendí un negocio en el municipio de Zongolica en el estado de Veracruz, lugar con una marginación galopante, en donde prácticamente toda la población vivía en la pobreza extrema. Pero eso sí, la fiesta, la pachanga eran de cada semana. Las mayordomías eran los grandes privilegios de los indígenas de la zona, se sentían hijos predilectos de Dios, según ellos así pagarían la serie de pecados terrenales teniendo acceso directo al paraíso, sin tener que dirigirle la palabra a San Pedro.

Puse una comercializadora de productos regionales, que los propios lugareños elaboraban, pero no tenían forma de ofrecerlos a los posibles compradores. Zongolica es un lugar situado en la sierra madre oriental en el centro del estado de Veracruz, como a 50 kilómetros al sur de Orizaba. Como es un lugar donde prácticamente todo el año llueve, hay ríos, el clima es selvático, por lo que es atractivo para el ecoturismo. Sin embargo, los víveres había que adquirirlos en Orizaba o Córdoba, que el tiempo de traslado era de entre dos o tres horas, a pesar de los pocos kilómetros que los separaban.

Pues necesitaba empleados, gente que me ayudara a recibir la mercancía, a ordenarla en los anaqueles, a despachar a los clientes, en fin, había que brindar empleo a una comunidad tan pobre, era una forma de ayudar a un lugar, aparentemente olvidado por Dios. Así que puse un letrero en donde solicitaba a tres ayudantes.

Después de diez días, se me acercó una persona.

  • Disculpe patrón, ¿cuánto paga por el empleo?
  • Siete mil pesos mensuales por trabajar ocho horas, con todas las prestaciones de la ley- le contesté.
  • Tan poquito- me reclamó.
  • Oiga, en la capital un contador con título universitario al terminar su carrera obtiene un sueldo de cinco mil pesos, trabajando doce horas diarias- le inquirí.
  • Pues allá en la capital son re mensos- me dijo, agregando lo siguiente.
  • A mí el gobierno federal me paga $2,500 pesos bimestrales por cada uno de mis cuatro hijos, más los apoyos del gobierno estatal por estar en una zona marginada, más el PRI que nos apoya con despensa, pues saco más con eso sin trabajar, que sus mugrosos siete mil pesos. Indio, indio, pero no pendejo para trabajar por mugrientos siete mil pesos. Haciendo nada gano más. Que trabajen los burros.



En fin, este país de dádivas, en donde al gobierno le conviene tener marginada a la población, en la pobreza y en la ignorancia, para poderlos manipular a su antojo. Es un círculo vicioso, en donde veo muy difícil salir. El patriarca gobierno obtiene votos de los miserables a cambio de administrarles su comida. Estos pobres desnalgados votan por ellos en las elecciones porque ven por sus intereses y los ayudan dándoles de comer, dándoles sus centavitos, que inmediatamente se gastan en los congales con las putas.

Después de un mes de no conseguir a nadie que me ayudara, me atreví a anunciar los empleos que ofrecía en el periódico regional. Asistieron inmediatamente como quince personas de Orizaba y de Córdoba, aunque prácticamente en la misma zona, no se consideraban de alta marginación, por lo que no llegaban los apoyos gubernamentales. Contraté a tres jóvenes, fuertes, estudiantes y con ganas de salir adelante. Sus traslados eran de entre hora y media y dos horas, pero necesitaban con fervor salir de la pobreza, era necesario esos ingresos.

El negocio fue creciendo, en virtud de que vendíamos los productos necesarios para los turistas que pasaban por el pueblo, además de ser un lugar que comunica a varias poblaciones de la sierra, lugar de paso obligado. Vendíamos desde agua purificada, hasta cuerdas, poleas, utensilios para campamentos, artículos para la despensa. También, debo decir, gran parte de los ingresos de la población de Zongolica iba a parar a mi negocio, ya que cuando sus habitantes recibían los apoyos gubernamentales, se lo gastaban en botellas de tequila, ron y cerveza, ni siquiera les servía para una sana alimentación. Yo les vendía lo que ellos demandaban, aunque los persuadía de no hacerlo. Siempre, en forma violenta me decían:

  • A ti qué te importa maldito burgués, estoy pagando, ¿qué no?



Y así, con mucho trabajo, con muchas ventas, les ofrecí a mis tres empleados que trabajaran tres horas más diarias, a cambio de hospedaje de lunes a viernes, así como los tres alimentos por mi cuenta. Poco a poco, el negocio creció y llegué a tener cinco empleados, con un sueldo de nueve mil pesos, hospedaje y alimentación diaria.

Debido a la prosperidad que el negocio me había dado, comenzaron las envidias. Que yo era un maldito capitalista, que me beneficiaba de la necesidad de la gente, que servía al demonio, que nunca me veían en misa, en fin. Siempre hay que tener cuidado de la gente que no tiene nada que hacer, porque estarán ocupados en inventar chismes.

En lascampañas electorales, los candidatos a la presidencia municipal prometían a los lugareños que no permitirían la desigualdad.

  • Compañeros, este país está jodido, porque mientras algunos se enriquecen con sus negocios, otros, como ustedes, viven en la miseria, sin oportunidad de trabajo, sin oportunidad de una educación digna. Que mueran aquellos que han hecho de los hombres esclavos de los hombres.



Otro ignorante y demagogo candidato comentó a la concurrencia.

  • En Zongolica, queremos igualdad, no permitiremos que nadie progrese a cambio de la miseria de los indígenas. Estamos hartos de que los hombre blancos y barbados nos sigan saqueando.



Y así fue, como en una noche incendiaron mi negocio, porque mi trabajo arduo, mi preparación, mi inversión, el riesgo que asumí, mi visión de negocio me dio para incrementar mi patrimonio, mientras que los lugareños no quisieron trabajar, estando aún a expensas de los apoyos del gobierno. Y por supuesto, en un país de ignorancia y prejuicios, quien triunfa debe ser llevado a las galeras del averno.

En fin, quédense jodidos, bola de holgazanes.