Hace unos
días, la maestra de mi hija les preguntó a sus alumnos si sabían el significado
de la palabra “estereotipo”. La mayoría de los estudiantes contestó
negativamente. La maestra explicó su significado y puso dos o tres ejemplos. Con
base en esa palabra, deseo compartir los estereotipos más visibles en nuestra
sociedad, desde mi punto de vista.
En algún
lugar, hace muchos años, un señor poderoso y muy rico trataba con desprecio y
arrogancia a las personas que él consideraba inferiores. Y es así como la gente
que tiene o aparenta tener dinero trata con desprecio y petulancia a quienes
pasan por su lado, como si ser mamón fuera el estereotipo de la gente
adinerada. Considero que no es así, pero se copian los comportamientos. Ser
fantoche da estatus.
En algún
lugar, hace muchos años, un político muy admirado de la vieja guardia comenzó a
hablar pausado, sin ton ni son y prácticamente toda la clase gobernante inició
sin tapujos a hablar de la misma manera. De los más absurdo, pero había que
emular al poderoso político, a aquel que cambiaría el destino de varios compatriotas.
No sé si cambió el destino para bien o para mal, pero cambió el destino, sin duda.
Los
intelectuales tienen una forma muy peculiar de hablar y de escribir, de
comportarse en los lugares públicos, obsérvenlos bien. En algún lugar, hace
muchos años, un intelectual habló en forma poco clara, con un lenguaje
abstracto quien nadie entendía. Muchas personas quedaron sorprendidas ante el
lenguaje de tal eminencia, aunque no hayan comprendido nada en lo absoluto. Hoy
en día, quienes se jactan de pertenecer a ese mundo intelectual emulan el
lenguaje abstracto y sin sentido. Escúchenlos.
Ni se diga de su forma de escribir. Generalmente, su escritura carece de
fluidez. Abusan de las citas, de las comillas, de los paréntesis y del
sinsentido de sus palabras. Léanlos. El comportamiento en lugares públicos como
en restaurantes, bares, cafés es el mismo de prácticamente todos ellos. El
estereotipo clásico de los intelectuales es reírse de cosas estúpidas. Se
carcajean de comentarios tan ruines que hasta pena ajena da escucharlos.
Véanlos.
Analicen el comportamiento de la clase media, que muchos dicen que ya no existe. La clase media es aquella que tiene una casa propia o rentada de dos o tres recámaras, que se puede bañar, si quiere, a diario y que tiene el lujo de comer tres, cuatro o cinco veces al día, por aquello de las dietas. La clase media se puede dar el placer de ir de vacaciones una o dos veces al año y tener un carro o una camioneta pagada de contado o a crédito. Los hijos de algunos clasemedieros estudian en colegios particulares, tan buenos o malos como las escuelas públicas, punto. Algunas personas envían a estudiar, con muchísimo sacrificio, a sus hijos a universidades privadas, en donde se copian más estereotipos de gente que se cree superior, mamonsísima, de otra especie y que generalmente terminan sus estudios siendo unos buenos para prácticamente nada, así de triste. Los clasemedieros no tienen yates, ni condominios en Nueva York, Londres o París, y mucho menos se desplazan en helicóptero. Clase media, nada más. Observen cómo actúan. Van de compras baratas a San Antonio y se creen conocedores del mundo. Quienes tienen la oportunidad de ir a París ya quieren leer a Camus, Víctor Hugo, Flaubert y los más románticos al autor de “El Principito”. Por dos museos que visitaron se convierten en expertos en pintura, en escultura, y por las compras que hacen en Carrefour para cenar, en donde el vino es más barato que el agua Evian, ya se sienten expertos catadores. Analícenlo, es el estereotipo de la clase media. Alguien lo hizo en algún lugar, hace muchos años y los demás copiaron el comportamiento.
A lo
largo de mi vida he convivido con gente de izquierda, quienes siempre se han
creído intelectual y moralmente superiores a quienes piensan distinto. El
estereotipo del ser humano de izquierda es tener una inquebrantable amistad con
la mugre y la facha. Desconozco la razón del pleito constante con el agua y el
jabón, del arreglarse correctamente y acomodarse el cabello. Mírenlos, todos
desean emular a Carlos Marx, tipo que, según sus biógrafos, era sucio y
despreciable. En verdad, desconozco la causa del uso del morral y los
huaraches. Alguien de izquierda quien no se bañaba comenzó, hace muchos años y
en algún lugar, a usar morral y caminar prácticamente descalzo y quienes
compartían su ideología trataron de emularlo. Mírenlos, están por todos lados.
Y así
somos los seres humanos. Tratamos de ser como nuestros héroes. Queremos
parecernos a quienes admiramos. Vale más la autenticidad, aunque nadie nos
emule. Vivamos libres, tanto de pensamiento como de comportamiento.
Seguir estereotipos es como ir arrastrado por una corriente que te lleva invariablemente al mismo sitio que los demás. Pero cuando nadas en contra, cómo los salmones, hay golpes. Para ser auténtico hay que tolerar la intolerancia del resto. Se necesita mucho temple para no "pertenecer " y sentirte realmente libre.
ResponderBorrarTotalmente cierto, Alicia. Converjo con lo que dices. Mil gracias por leer.
BorrarExcelentes reflexiones, ojalá que seamos más humanos auténticos que personajes con estereotipos! Más en esta época en la que debemos ser reflexivos y críticos por lo que los medios de comunicación y los "influencers" nos proyectan.
ResponderBorrarExactamente, este es el objetivo del texto. Tratar de ser auténticos sin copiarle a nadie. Mil gracias por leer.
ResponderBorrarSr. Intenté ubicarle en una casta social acordé a su razonamiento.... Y lo que concluí es que usted es clasista, y se cree de la clase superior. "El estereotipo del ser humano de izquierda es tener una inquebrantable amistad con la mugre y la facha."
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