Esta obra maestra de la pintura
del romanticismo francés se exhibe en el museo de Louvre en París, Francia. Se
han dado muchas interpretaciones sobre su significado, de hecho, también es
conocida como el retrato de la desesperación y la esperanza.
Me permito hacer una
interpretación de esta pintura en el contexto que estamos viviendo hoy en
México.
Todos estamos en esta balsa
llamada México. Hoy hemos naufragado. No hemos sido capaces como sociedad de
mantenernos unidos. No tenemos un proyecto viable como nación, no sabemos hacia
dónde queremos ir. Hemos alcanzado nuestra independencia desde hace casi dos
siglos, pero aún no sabemos qué hacer con ella. Estamos en esta balsa
naufragando en un contexto global, en donde aparentemente, el individualismo es
quien triunfa.
Ante nuestra debilidad como
nación, cualquier amenaza nos paraliza, nos desune. Comenzamos con
lamentaciones, invocamos al pasado, como si ese fuera el camino correcto, en
lugar de enfocarnos hacia el futuro. Nos culpamos unos a otros por nuestras
desgracias, sin estar conscientes de que las amenazas existen y han existido
siempre. Nuestro vecino país del norte, poderoso y arrogante, nos echa la culpa
de sus fracasos, como si nosotros no tuviéramos los nuestros. Esas amenazas son
representadas por la ola gigante de lado izquierdo. Esa ola tiene la intención
de devorar la balsa de un solo sorbo. Para colmo, el cielo está pintado de negro,
es decir, se aproxima una tormenta. Más calamidades, posiblemente estas sean
internas: la ignorancia, la flojera, la corrupción, en fin.
En la pintura se aprecian cuatro
cuerpos rendidos, exhaustos, sin ganas de proseguir con vida. Representan los
cuatro puntos cardinales de nuestro país. Sur, este, oeste y norte, todo el
país en hecatombe por la ola de violencia, impunidad, corrupción. El nombre que
desees. Pero también representa la apatía, la pereza, que otros lo hagan, y el yo
por qué.
En el centro de la pintura se
retrata a una persona meditando, pensando. El autor lo pintó como un filósofo
griego. Para mí representa a los analistas, columnistas, editorialistas,
aquellos que solo opinan, que solo discrepan, pero no levantan un solo dedo por
la balsa. Son aquellos que no han hecho nada por el país. No están derrotados,
pero tampoco contribuyen para salir a salvo de la embarcación. Posiblemente la
mayoría de la población en nuestro país esté representada por ese filósofo.
Este filósofo también lo encontramos en las reuniones familiares, en los cafés,
en los pasillos de las oficinas, en las universidades. Todos llevamos uno
dentro. Hablamos y vociferamos sin aportar a que la balsa no se hunda, a que
tenga rumbo.
En el centro de la pintura
encontramos a una persona sosteniendo el mástil con una sola vela. Representa a
la clase gobernante, quien no puede enderezar la balsa, o bien, no desea
hacerlo. Observen bien, este gobernante se encuentra detrás de los verdaderos
héroes de la balsa. Es decir, hoy por hoy, los gobernantes no nos sacarán a
flote, no son la opción para cambiar el rumbo de nuestra embarcación. Quienes
piensen así, vivirán pronto el naufragio de la balsa, jamás alcanzarán su sueño
de independencia y libertad, en cualquier ámbito. Ellos no son la salvación de
nuestro México.
El futuro de la balsa está en
quienes tienen esperanza, quienes estudiando, trabajando, esforzándose
mantendrán a flote la balsa. Somos cada uno de nosotros quienes levantándonos
temprano, siendo educados, respetando las reglas de convivencia, siendo
honestos y productivos podremos alcanzar nuestros sueños, hacer de nuestro país
una potencia. Pero todo el trabajo debe ser en conjunto, solos no podemos. Cada
una de las personas que ayudan al muchacho a sostener el trapo rojo, somos las
personas que pensamos que sí tenemos salvación, que sí tenemos futuro. Vean,
somos muchos quienes alentamos al joven con el pedazo de tela rojo.
Solo así, unidos y orgullosos de
nuestra balsa, podremos sortear favorablemente cualquier tempestad, cualquier calamidad.
El mérito será de todos, no busquemos un héroe solitario.
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