martes, 21 de marzo de 2017

LA BALSA DE LA MEDUSA (THÉODOR GÉRICAULT, 1819)





Esta obra maestra de la pintura del romanticismo francés se exhibe en el museo de Louvre en París, Francia. Se han dado muchas interpretaciones sobre su significado, de hecho, también es conocida como el retrato de la desesperación y la esperanza.

Me permito hacer una interpretación de esta pintura en el contexto que estamos viviendo hoy en México.

Todos estamos en esta balsa llamada México. Hoy hemos naufragado. No hemos sido capaces como sociedad de mantenernos unidos. No tenemos un proyecto viable como nación, no sabemos hacia dónde queremos ir. Hemos alcanzado nuestra independencia desde hace casi dos siglos, pero aún no sabemos qué hacer con ella. Estamos en esta balsa naufragando en un contexto global, en donde aparentemente, el individualismo es quien triunfa.

Ante nuestra debilidad como nación, cualquier amenaza nos paraliza, nos desune. Comenzamos con lamentaciones, invocamos al pasado, como si ese fuera el camino correcto, en lugar de enfocarnos hacia el futuro. Nos culpamos unos a otros por nuestras desgracias, sin estar conscientes de que las amenazas existen y han existido siempre. Nuestro vecino país del norte, poderoso y arrogante, nos echa la culpa de sus fracasos, como si nosotros no tuviéramos los nuestros. Esas amenazas son representadas por la ola gigante de lado izquierdo. Esa ola tiene la intención de devorar la balsa de un solo sorbo. Para colmo, el cielo está pintado de negro, es decir, se aproxima una tormenta. Más calamidades, posiblemente estas sean internas: la ignorancia, la flojera, la corrupción, en fin.

En la pintura se aprecian cuatro cuerpos rendidos, exhaustos, sin ganas de proseguir con vida. Representan los cuatro puntos cardinales de nuestro país. Sur, este, oeste y norte, todo el país en hecatombe por la ola de violencia, impunidad, corrupción. El nombre que desees. Pero también representa la apatía, la pereza, que otros lo hagan, y el yo por qué.

En el centro de la pintura se retrata a una persona meditando, pensando. El autor lo pintó como un filósofo griego. Para mí representa a los analistas, columnistas, editorialistas, aquellos que solo opinan, que solo discrepan, pero no levantan un solo dedo por la balsa. Son aquellos que no han hecho nada por el país. No están derrotados, pero tampoco contribuyen para salir a salvo de la embarcación. Posiblemente la mayoría de la población en nuestro país esté representada por ese filósofo. Este filósofo también lo encontramos en las reuniones familiares, en los cafés, en los pasillos de las oficinas, en las universidades. Todos llevamos uno dentro. Hablamos y vociferamos sin aportar a que la balsa no se hunda, a que tenga rumbo.

En el centro de la pintura encontramos a una persona sosteniendo el mástil con una sola vela. Representa a la clase gobernante, quien no puede enderezar la balsa, o bien, no desea hacerlo. Observen bien, este gobernante se encuentra detrás de los verdaderos héroes de la balsa. Es decir, hoy por hoy, los gobernantes no nos sacarán a flote, no son la opción para cambiar el rumbo de nuestra embarcación. Quienes piensen así, vivirán pronto el naufragio de la balsa, jamás alcanzarán su sueño de independencia y libertad, en cualquier ámbito. Ellos no son la salvación de nuestro México.

El futuro de la balsa está en quienes tienen esperanza, quienes estudiando, trabajando, esforzándose mantendrán a flote la balsa. Somos cada uno de nosotros quienes levantándonos temprano, siendo educados, respetando las reglas de convivencia, siendo honestos y productivos podremos alcanzar nuestros sueños, hacer de nuestro país una potencia. Pero todo el trabajo debe ser en conjunto, solos no podemos. Cada una de las personas que ayudan al muchacho a sostener el trapo rojo, somos las personas que pensamos que sí tenemos salvación, que sí tenemos futuro. Vean, somos muchos quienes alentamos al joven con el pedazo de tela rojo.

Solo así, unidos y orgullosos de nuestra balsa, podremos sortear favorablemente cualquier tempestad, cualquier calamidad. El mérito será de todos, no busquemos un héroe solitario.

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