Se
aproximaba la hora de la salida en la empresa donde trabajaban dos bellas
jóvenes de unos veintidós años de edad. Era viernes, fin de mes, día de pago.
Cada una de ellas había recibido vía transferencia electrónica su sueldo
devengado. Esa noche la pasarían ambas en un Bar-Lounge de Bosques de las
Lomas, una de las colonias más exclusivas de gente adinerada de la Ciudad de
México. Su intención, pasársela bien ese fin de semana, procurando no gastar ni
un solo peso. Mucho mejor si se ligasen a un par de jóvenes ricos que las
sacaran de trabajar.
̶ Oye,
Vero, ¿Me veo bien con esta minifalda? ¿No estará muy corta, amiga?
̶
Claro que no, Mony. Para eso vamos al gimnasio, ¿o no, amiga?
̶ Ja,
ja, ja, para ver cómo a todos los idiotas se les cae la baba al vernos las piernas.
̶
¿Qué tal mi escote? ̶ le preguntó
Mony a Vero.
̶
Está para que ligues, amiga. ¡Te ves buenísima!
̶
¿Tú crees? ¿En serio?
̶
Sí, vanidosita. Vámonos, que se nos hace tarde.
Alrededor
de las 10 de la noche, ya instaladas en el Bar-Lounge, ambas tomaban sus
cocteles. Mony degustaba un Martini Manhattan, mientras que Vero pidió un
Martini Cosmo, especialidad del Bar.
El
lugar era el preferido de los hedonistas de la capital. Era el lugar de moda.
Quien realmente pertenecía a la clase alta, era un visitante asiduo del lugar. Asistía
gente de todas las edades.
Cerca
de donde se encontraban Mony y Vero, había un par de jóvenes apuestos, de buena
vestimenta, bien parecidos, quienes iban con la finalidad de ligar. Ya se
habían percatado que las chicas se encontraban solas y que pasaba el tiempo y
nadie se les había acercado. Ellas, por su parte, ya iban en su tercera copa,
por lo que la cuenta se incrementaba considerablemente, pero lo mejor, ya el
alcohol estaba haciendo mella en sus cerebros.
Era
hora de aproximarse a ellas. Demostrar la labia.
̶ Hola ̶ dijo Luis. ¿Por qué tan solas,
preciosas? ¿Podemos acompañarlas?
Sin
dejarlas responder, con el asombro de ellas, Iván dijo, tronando lo dedos.
̶ Mesero, tráiganos lo mismo que están
tomando ellas. Para estas hermosuras también, sírvales otra copa igual.
̶ Oye,
amigo mesero ̶ continuó Iván. Deseamos un platillo de botanas surtidas, con
jamón serrano, salami, anchoas, salmón y queso camembert. Esto para empezar, es
para picar, estas princesitas tienen hambre, ¿verdad, bonitas?
Sin
dejarlas hablar, el otro amigo intervino.
̶
Perdón, soy un descortés, ni siquiera me he presentado, mi nombre es
Luis, soy el dueño de la cadena de tiendas Martínez. Luis Martínez a sus
órdenes.
Las
dos al mismo tiempo dijeron:
̶
¿Te apellidas Martínez?
̶
Sí ̶ dijo Luis. ¿Qué tiene de malo? ¿Ustedes son de las que miden a las
personas por sus apellidos? A ver, princesas, ¿a poco ustedes poseen apellidos
de abolengo?
̶
No precisamente ̶ contestó Mony. Mi apellido es Duvost. Soy Mónica
Duvost. Encantada de conocerlos.
̶
Yo soy Verónica Courtois. Un
placer.
̶
Me presento ̶ dijo Iván. Mi nombre es Iván Hernández, humilde y seguro
servidor de este par de hermosuras que me complace enormemente conocer en esta
encantadora noche de luna azul. Soy el Director General de la cadena de tiendas
Martínez.
Pasó
el tiempo, fue una plática agradable, con buena música de fondo. Transcurridas
más de tres horas, llegó el momento de retirarse.
̶
Todo un placer haberlas conocido, bonitas ̶ dijo Luis.
̶
Por supuesto ̶ intervino Iván. Fue una velada divina, inolvidable.
Gracias por habernos acompañado, princesitas angelicales.
Después
de haber dicho eso, le entregó a cada una su tarjeta de presentación. Luis hizo
lo mismo.
Al
leerlas, se percataron que efectivamente correspondían al socio mayoritario y
al Director General de las tiendas Martínez.
Verónica
fisgoneaba en su bolso, a ver si encontraba sus tarjetas de presentación.
̶
¡Ay! ¿dónde las dejé? ̶ decía.
̶
No te preocupes ̶ dijo Luis. Dame tu número de celular. Te marco y así
registras el mío.
̶
Buena idea ̶ comentó Vero. Márcame, Luis, así registro tu número de
celular.
̶
Por cierto, el próximo mes vamos a inaugurar nuestra primera tienda en
España ̶ les comentó Luis. Seríamos muy afortunados si hicieran el honor de
acompañarnos, preciosas. Por supuesto, con todos los gastos pagados.
̶
¿Qué opinan? ̶ preguntó Iván.
̶
Lo vamos a pensar, ¿verdad amiga? ̶
respondió Vero. Pero para mí, la idea es genial, aunque tenemos que
revisar la agenda de trabajo.
̶
Bueno, esperaremos su respuesta ̶ comentó Iván. Sin prisa, piénsenlo
bien, la pasaremos de lujo.
̶ Por
cierto, ¿tienen cómo irse a sus casas? ̶
preguntó Luis.
̶
No se preocupen ̶ contestó Mony.
Tomaremos un taxi, de aquí del Bar-Lounge. Total, vivimos aquí cerca, en las
Lomas de Chapultepec.
̶
Si gustan podemos llevarlas ̶ comentó
Iván. Vamos para Polanco.
̶
Mmm, es que ya pedimos el taxi y se nos hace mala onda ̶ señaló Vero.
̶
De acuerdo, no hay problema ̶ dijo
Iván.
Se
despidieron, las chicas abordaron el taxi y Luis hizo una seña con su mano para
que se aproximara uno de sus empleados, quien la hacía de guardaespaldas. Luis
le ordenó que las siguiera discretamente para informarle en dónde vivían.
Mientras
tanto, ellas dentro del taxi platicaban.
̶
¿Qué te parecieron estos tipos? ̶ preguntó Vero.
̶
Están guapísimos. Además, tienen mucho dinero. ¿Viste lo que pagaron de
cuenta?
̶
Sí, amiga. Y son muy decentes y caballeros. Con dos copas, muchos de los
muchachos que se nos acercan ya quieren llevarnos al hotel, ja, ja, ja.
̶
Pues te juro que si estos cuates lo hubieran insinuado, yo les hubiera
dicho que sí, sin pensarlo.
̶
Yo igual, amiga. Ya me sentía bien cachonda.
̶
Pues nos hemos ligado a unos tipos que ahora sí valían la pena. Adiós
pobreza, adiós miseria.
̶
Sí, amiga. Adiós al trabajo de recepcionista. Todo el día contestando
llamadas.
̶
Ja, ja, ja, ¡sí! Adiós al sueldo miserable.
Llegó
el guardaespaldas de Luis, diciéndole que las había seguido y que de ninguna
manera vivían en las Lomas de Chapultepec. Vivían en un edificio viejo cerca de
Tacubaya.
̶
Perfecto ̶ dijo Luis. Este es el tipo de chicas que nos gusta ligar.
Y
así pasaron varios fines de semana, en donde se habían visto los cuatro para ir
a comer a buenos restaurantes de la zona de Polanco, las Lomas, Santa Fe. También
habían ido a un casino, en donde jugaban con las maquinitas tragamonedas y
blackjack.
̶
Oigan, preciosas ̶ interrumpió
Iván.
Y
tomó de su saco cuatro boletos de avión.
̶
El próximo viernes salimos para España.
̶
¡Sí! ̶ dijo Luis todo emocionado. Son boletos de primera clase para
irnos los cuatro a Madrid. Inauguraremos nuestra primera tienda Martínez.
̶
¡A ver! ̶ dijo Vero. ¡Son reales,
son reales!
̶
¡Eh! ̶ comentó Mony. ¡Hostias! Nos vamos a España, ¡qué alegría!
Y
así, transcurrieron las horas, los días. Quedaron de verse el siguiente sábado
en el aeropuerto.
Las
dos bellas jóvenes estaban nerviosas, estaban llenas de júbilo, porque por fin
se les hacía realidad su sueño de visitar Europa.
Pasaron
treinta minutos, Luis e Iván no llegaban. Por fin, a lo lejos, se veía a Iván,
corriendo un poco agitado.
̶
Hola, perdón por la demora. Es que llegaron las autoridades de salud a
practicar una auditoría a unas de nuestras tiendas. Luis, como dueño y socio
que es, tiene que atender a las autoridades. Yo, como Director General y
representante legal, también tengo que estar presente.
̶
¿Se cancela el viaje? ̶ preguntó
angustiada Mony.
̶
No, preciosa. Claro que no. Ustedes tienen sus lugares reservados en primera
clase. Allá, en el aeropuerto de Madrid, las esperará Venancio Sánchez, quien
las llevará al hotel Adler, de los mejores de la capital española. No se
preocupen por nada, nosotros las alcanzaremos el próximo martes.
̶
¿Y cómo reconoceremos al tal Venancio ese? ̶ inquirió Vero.
̶
No se angustien. Él tendrá un letrero con sus nombres. Estará en el
pasillo de salida.
̶
¡Ok, perfecto! Allá nos vemos, que todo salga bien en la auditoría ̶ comentó Mony.
̶
No se fijen tanto por eso, son revisiones de rutina. De alguna forma deben
de justificar el por qué hay tantos burócratas, ¿no creen? Por cierto, ¿les
puedo pedir un favor?
̶
Por supuesto ̶ dijo Mony. Faltaba más.
̶
Gracias. Entréguenle esta pequeña maleta a Venancio. Son documentos muy
importantes los que vienen en ella. Son papeles sobre estudios de mercado para abrir
más tiendas en toda España. Por eso deben documentarla. Cuando localicen a
Venancio, le entregan la maleta y él las llevará al hotel.
̶
De acuerdo ̶ comentó Mony. ¡Ay! Los vamos a extrañar mucho. Cuídense,
¿Sí?
̶
Tranquila, linda. El martes nos veremos. Buen viaje.
Se
despidieron de la manera más amable, con mucho cariño, como si fueran amigos de
toda la vida.
Llegando
al aeropuerto de Madrid, las guapas jóvenes pasaron las revisiones de rutina.
Migración y aduana. Cuando pasaron por el área metálica de revisión de
equipaje, un trabajador llamó por la radio. Inmediatamente llegaron seis
policías, perfectamente armados. Uno de ellos dijo, dirigiéndose a Mony y a
Vero.
̶
¿Es de ustedes esta maleta?
̶
Sí ̶ contestó Mony.
̶
¿Me pueden indicar qué traen en ella?
̶
Documentos, estudios de mercado, planos ̶ dijo Vero.
̶ Resulta que no, jovencitas. Esta
maleta contiene sobres de cocaína. Quedan arrestadas.